Berlín, 19 jun (EFE).- El brote de COVID-19 en un matadero ha sacado a la luz los puntos flacos de la industria cárnica alemana, tanto en lo que respecta a sus condiciones de trabajo como a los estándares de higiene, con o sin pandemia.

El caso de la planta de productos cárnicos Tönnies, en la ciudad de Gütersloh, ocupa no solo a las autoridades sanitarias del «Land» de Renania del Norte-Westfalia, el estado federado más poblado de Alemania con 18 millones de habitantes, sino también a la justicia del país.

La Fiscalía de Bielefeld ha abierto un sumario por sospechas de vulneración de la ley de protección contra infecciones y las normas adoptadas a raíz de la extensión del coronavirus por Alemania.

Son cinco las demandas presentadas desde diversos estamentos -incluido el partido Los Verdes- contra este matadero, el segundo del «Land» donde se han registrado contagios masivos de la COVID-19.

Primero fue en Coesfeld, donde se verificaron 130 contagios entre su plantilla el pasado mayo. En Gütersloh se han confirmado ahora 750 contagios, con un total de 11.000 test entre trabajadores, familiares y otros contactos.

Al menos otros 5.300 empleados de la empresa deberán someterse a las pruebas en los próximos días y, a cada positivo que se certifique, seguirán nuevos test entre sus contactos y medidas de cuarentena.

UNA INVESTIGACIÓN INDEPENDIENTE DEL CASO

El Gobierno regional de ese «Land» -el segundo en número de contagios de Alemania tras Baviera, pero entre los más rápidos a la hora de reactivar su vida pública y económica- anunció una investigación independiente del caso.

«El ministerio encargará un informe científico que debe ir hasta el fondo del brote desde el punto de vista epidemiológico», afirmó el titular de Sanidad de Renania del Norte-Westfalia, Karl-Josef Laumann, y agregó: «Tenemos que precisar cómo surgen los brotes de coronavirus en la industria cárnica».

La explicación del responsable de Sanidad sigue al revuelo causado por otras declaraciones del jefe de su Gobierno regional, el conservador Armin Laschet, quien habló de «contagios importados», en alusión a los trabajadores rumanos y búlgaros que emplea la firma.

La interpretación de Laschet, aspirante a presidir la Unión Cristianodemócrata (CDU) de la canciller Angela Merkel, mereció protestas diplomáticas de los países aludidos.

Y el propio ministro alemán de Exteriores, el socialdemócrata Heiko Maas, «invitó» a Laschet a rectificar en algo que afecta a socios de la Unión Europea (UE).

Laschet trató de aclarar que quiso indicar que el problema en Tönnies no se debe a fallos en la supervisión sanitaria en su «Land», sino que se ha dado en otros sectores -como la recogida del espárrago- en que se emplea mano de obra inmigrante.

La alusión se dirigía a contagios conocidos en Baviera, el «Land» más afectado por la pandemia, pero que actuó aplicando las mayores restricciones.

El desliz del aún aspirante a dirigir el bloque conservador ha abundado en la opinión de que no tiene las condiciones necesarias para luchar por la Cancillería en las generales de 2021.

Pero, al margen de esas deliberaciones políticas, lo que está claro es que ni Gütersloh ni Coefeld son casos aislados. Los trabajadores de esas plantas son subcontratados externos temporales, a los que se aloja en condiciones de escasa higiene.

Para acabar de añadir leña al fuego, en un vídeo difundido este viernes por la cadena de información privada Ntv se ve cómo en la planta de Tönnies se vulneran las normas especiales dictadas el pasado abril por el Ministerio de Agricultura frente a la pandemia.

Las imágenes, captadas aparentemente después de ordenarse medidas rígidas de higiene, muestran a empleados trabajando prácticamente pegados y compartiendo su comida en la cantina.

EL MATADERO CIERRA, LAS ESCUELAS TAMBIÉN

El matadero de Gütersloh quedó cerrado, mientras se recuerdan las múltiples denuncias previas de sindicatos y organizaciones del sector sobre las condiciones de la inmigración subcontratada.

La situación en Gütersloh ha llevado a que vuelvan a cerrarse escuelas y guarderías, lo que ha generado las críticas de la población contra los poderes locales.

También contra el propietario del matadero, Clemens Tönnies, empresario controvertido y, además, dirigente del club de fútbol Schalke, un nombre clásico de la cuenca del Ruhr que levanta amores y odios, fuera y dentro del campo.

El brote ha llevado a que en Gütersloh se llegue a 61 nuevos contagios por 100.000 habitantes, superando el límite semanal fijado de 50 casos por 100.000 personas a partir del cual se tienen que tomar medidas específicas en la circunscripción municipal afectada.

Desde el comienzo de la pandemia ha habido en Alemania 190.265 casos de coronavirus, según el Instituto Robert Koch (RKI), competente en la materia. Un total de 174.376 pacientes han superado la enfermedad y 9.043 han muerto.

Alemania ha salido mejor parada que otros socios europeos, lo que no implica -como viene recordando el RKI- que pueda darse por vencida la lucha contra la pandemia.

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