Hong Kong, 29 jun (EFE).- Hong Kong recibió hoy al presidente chino, Xi Jinping, teñida de «rojo», el color de las banderas prochinas que inundaban la ciudad mientras los principales activistas prodemocracia se rebelaban desde comisaría contra la visita.

Xi aterrizó en la isla a mediodía y le esperó una comitiva oficial idéntica a la que se celebra en Pekín durante las visitas de mandatarios extranjeros, con un numeroso grupo de escolares brincando a la llegada del líder para darle una calurosa bienvenida.

«El Gobierno central va a apoyar, como siempre, el desarrollo de Hong Kong y la mejora de la vida de la población», enfatizó el presidente a su llegada al aeropuerto en un atril preparado para la ocasión frente a las cámaras.

Fue un momento poco común en los viajes de Xi, reacio a dar declaraciones a la prensa, sobre todo a la extranjera y en su propio país, y evidencia el clima de tensión en Hong Kong.

Xi viajó a la isla por primera vez como presidente con motivo del vigésimo aniversario de la devolución del territorio a manos chinas, pero numerosos grupos consideran que no hay motivo de celebración.

La gran operación de seguridad puesta en marcha para recibir al mandatario ha afectado a varios distritos del núcleo urbano, donde se han cortado calles y accesos a edificios.

Ciertas zonas públicas y comercios aledaños permanecerán cerrados hasta el domingo, y de forma inusual, se han colocado numerosas banderas chinas y carteles de bienvenida.

«(Su visita) es una gran molestia. Grandes atascos, muchas banderas rojas; nos hace sentir que Hong Kong está siendo colonizado por el Gobierno del Partido Comunista», opinaba en declaraciones a Efe Yau Wai-ching, la diputada a la que Pekín arrebató su escaño en el Parlamento por sus insultos a China.

El régimen comunista recuperó Hong Kong prometiendo que le permitiría tener una serie de libertades -entre ellas, libertad de prensa, independencia judicial y en un futuro, sufragio universal- bajo la fórmula «un país, dos sistemas», pero en la práctica las injerencias de Pekín cada vez son mayores.

Frente a las críticas, el presidente intentó enviar un mensaje de todo conciliador y pidió repasar las experiencias de los pasados veinte años y «mirar hacia el futuro para garantizar que la fórmula ‘un país, dos sistemas’ funcione de manera estable y por un largo tiempo».

A pesar de la voluntad de varios grupos prodemocráticos, Xi no vio de frente ninguna crítica a sus palabras. Miles de agentes acordonan la zona donde el presidente y la comitiva oficial se hospedan y los principales activistas pasaron la jornada en comisaría.

El día anterior, 26 de ellos fueron detenidos tras ocupar un monumento emblemático de la ciudad -símbolo del retorno de Hong Kong a manos chinas- para protestar contra la visita del presidente, y hoy continuaban bajo custodia.

«Creemos que están retrasando su liberación a propósito», aseguró a las puertas de comisaría Derek Lam, miembro de Demosisto, uno de los jóvenes partidos prodemocracia que convocó la ocupación ayer.

Lam y otros diez compañeros pidieron hoy a la policía que liberaran a los arrestados, entre ellos, Joshua Wong, líder de la «Revolución de los Paraguas», las históricas protestas que en 2014 paralizaron la ciudad para conseguir sufragio universal.

Sin Wong y otros destacados rostros del movimiento prodemocrático, Xi visitó las obras de un complejo cultural y artístico en construcción en el puerto Victoria y se reunió con el jefe del Gobierno de Hong Kong, CY Leung, a punto de abandonar el cargo.

A las puertas de la residencia del líder regional, el presidente chino se volvió a encontrar caras amables: grandes banderas rojas y un destacado grupo de gente coreando a su llegada.

Esa imagen también se repetía hoy en las cercanías del hotel donde Xi y su esposa, Peng Liyuan, permanecerán estos días. Allí, ancianos y jóvenes prochinos celebraban con cánticos y bailes los veinte años del retorno de Hong Kong a China.

«Estamos aquí para celebrar. Es un buen momento para recordar lo que tenemos», decía a Efe Sinky Huang, una veinteañera procedente del este de China, que se encontraba de turismo en la isla.

Por Tamara Gil/Isabel Fueyo