París, 8 feb (EFE).- Un día después de que Francia llamara a consultas a su embajador en Roma por el apoyo de miembros del Gobierno italiano a los “chalecos amarillos”, ambos países buscaron este viernes rebajar la tensión desatada e hicieron llamamientos al diálogo, que mantienen que no se ha roto.

El desencuentro tuvo como desencadenante la reunión el martes en Montargis, en el sur de París, entre el vicepresidente del Gobierno italiano y líder del Movimiento 5 Estrellas (M5S), Luigi Di Maio, y un grupo de “chalecos amarillos”, que para las autoridades francesas fue “inaceptable”.

Christian Masset, su embajador en Roma desde septiembre de 2017, volvió a París este jueves. “No es una llamada permanente, pero era importante poner las cosas en claro”, indicó el portavoz gubernamental, Benjamin Griveaux, en la emisora “Europe 1”.

El diálogo, añadió, nunca ha cesado, pero el rechazo a esa visita sorpresa es evidente: “Cuando un ministro de un Gobierno extranjero va a Francia, el decoro, la cortesía y la diplomacia más elemental estipulan prevenir al Ejecutivo”.

No obstante, París sostiene que “Italia es un Estado socio y un aliado histórico de Francia” y desmiente cualquier voluntad de “dramatizar” lo sucedido.

“Es una forma de decir que se ha acabado el recreo”, dijo este viernes la secretaria de Estado de Asuntos Europeos, Nathalie Loiseau, destacando que “cuando Italia necesita aliados para ayudarla, no son sus amigos nacionalistas de Hungría y Polonia quienes le echan una mano, sino Francia”.

El ministro italiano del Interior y vicepresidente de Italia, Matteo Salvini, invitó este viernes a su homólogo francés, Christophe Castaner, a ir a Italia la semana que viene para resolver las cuestiones pendientes, principalmente las relativas a la inmigración.

Aunque a su juicio el Gobierno francés “tiene las ideas un poco confusas” en materia migratoria e “Italia puede vivir sin Francia, no sin los franceses”, su carta de invitación fue más conciliadora al recalcar que las relaciones bilaterales son sólidas y deben desarrollarse en el marco del “interés estratégico mutuo”.

Salvini también había expresado ayer su intención de encontrarse con el presidente francés, Emmanuel Macron, para afrontar las devoluciones de migrantes en la frontera italo-francesa o la atención a los trabajadores que la cruzan a diario, “vejados”, en su opinión, por controles “que duran horas”.

Pero el portavoz del Ejecutivo galo dejó claro que quien debería encabezar ese eventual diálogo es el primer ministro de ese país, Giuseppe Conte, quien este jueves confió en Beirut en que el vínculo histórico bilateral haga que la tensión pueda resolverse “inmediatamente”.

Di Maio alegó este viernes en el diario “Le Monde” que quiso reunirse con miembros del movimiento contestatario francés atraído por reivindicaciones “que están por encima de la derecha y de la izquierda y ponen en el centro al ciudadano”.

“Las divergencias políticas y de visión entre el Gobierno francés y el italiano no deben afectar a la relación histórica de amistad. (…) Como representante del Ejecutivo de mi país, reafirmo la voluntad de colaboración de nuestro Ejecutivo”, recalcó.

En Francia, la respuesta de su Gobierno, sin precedentes desde el final de la II Guerra Mundial, recibió reacciones encontradas: para Yannick Jadot, cabeza de lista del ecologista EELV para las europeas, Macron hizo bien al “poner el punto sobre las íes”, y para el soberanista Nicolas Dupont-Aignan fue una “decisión loca”.

En plena disputa bilateral, que se produce a cuatro meses de las europeas de mayo, las patronales de Francia e Italia instaron hoy a sus gobiernos a evitar divisiones e impulsar un diálogo constructivo.

“En estas horas de tensión política y diplomática creciente”, el mundo de la economía “quiere unir lo que la política está dividiendo. (…) El reto no es entre países europeos, sino entre Europa y el mundo exterior”, concluyeron la francesa Medef y la italiana Confindustria.

Por Marta Garde