Moscú, 2 oct (EFE).- La aprobación de la llamada «Fórmula Steinmeier» por las partes en conflicto en el Donbás -Ucrania y las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk-, así como por Rusia y la organización mediadora, la OSCE, ha sido el primer paso dado en años para desatascar el arreglo del conflicto.

La duda radica en si dicha propuesta es un avance hacia la paz en el este ucraniano o una treta del Kremlin para ganar tiempo y lograr el levantamiento de las sanciones, mientras los países europeos implicados, Alemania y Francia, presionan a Kiev para convocar una nueva cumbre del llamado Formato de Normandía.

LAS CLAVES DE LA FÓRMULA

Dicha fórmula, propuesta en 2015 por el entonces ministro de Exteriores y actual presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, contempla la celebración de elecciones en las zonas controladas por los separatistas prorrusos según la legislación vigente en el resto de Ucrania, comicios que serían supervisados por observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).

Durante la celebración de dichos comicios entraría en vigor de manera provisional una nueva ley de autogobierno, que sustituirá a la actual, que expira el 31 de diciembre de este año. Conocido como Ley sobre el estatus especial, dicho documento debería conceder altas cuotas de autonomía a ambos territorios separatistas.

En caso de que la OSCE considere que dichos comicios responden a los estándares democráticos europeos, la formula estipula que la ley de autogobierno entraría en vigor de manera «permanente».

Los Acuerdos de Minsk también contemplaban en su punto 9 la celebración de elecciones locales, aunque éstas nunca llegaron a celebrarse según la legislación ucraniana. Los separatistas convocaron elecciones presidenciales y también referendos de independencia, que han sido condenados por Ucrania y la comunidad internacional y que formalmente nunca fueron reconocidos por Rusia.

INTERPRETACIÓN UCRANIANA

Al anunciar la firma de dicho documento, el presidente ucraniano, Vladímir Zelenski, se cuidó mucho de poner condiciones a la celebración de dichas elecciones. Aseguró que éstas no se pueden celebrar «a punta de pistola», lo que significa que las milicias separatistas deben deponer las armas antes de que se celebre la votación.

La otra condición clave es el control ucraniano sobre los 400 kilómetros de frontera que separan las zonas separatistas de la Federación Rusa y por donde los prorrusos reciben toda clase de suministros. «La frontera debe ser nuestra», aseguró Zelenski.

Los Acuerdos de Minsk ya hablaban en su punto 4 de garantizar el control de la frontera con la «creación de zonas de seguridad» y en su punto 10 de la retirada de los grupos armados ilegales y mercenarios del territorio de Ucrania.

En cuanto a la nueva ley de autogobierno, Zelenski ya ha abierto consultas para su aprobación por la Rada Suprema (Legislativo), aunque necesitará apoyos, ya que su partido carece de mayoría constitucional.

POSTURA RUSA

El Kremlin insistió durante las últimas semanas en la necesidad de que Kiev aprobara cuanto antes la Fórmula Steinmeier. De hecho, esa era la precondición para que el presidente ruso, Vladímir Putin, accediera a asistir a la cumbre del Cuarteto de Normandía: Ucrania, Rusia, Francia y Alemania.

Con todo, Moscú, que ejerce de portavoz de los separatistas prorrusos, y Kiev interpretan de manera diferente lo que debe ser la hoja de ruta. El Kremlin cree que la prioridad es conceder la autonomía a las zonas separatistas para que éstas puedan recuperarse tras más de cinco años de guerra. La deposición de las armas y el desmantelamiento de las milicias puede esperar, según Moscú.

«La fórmula da pie a diferentes interpretaciones. No dice nada sobre la inclusión de la ley de autogobierno en la Constitución ucraniana, algo en lo que insiste Rusia. Yo creo que la fórmula es sólo un primer paso y todo dependerá de cómo se implementará», comentó a Efe Alexandr Guschin, experto del Consejo ruso de Asuntos Internacionales.

RIESGOS PARA ZELENSKI

El expresidente de Ucrania Petró Poroshenko ha advertido de que dicho plan es, en realidad, una treta del Kremlin para lograr el levantamiento de las sanciones que pesan sobre el país desde la anexión de la península de Crimea. Algunos políticos ucranianos hablaron hoy de «emboscada rusa», la ex primera ministra Yulia Timoshenko denunció una «amenaza directa» para la soberanía nacional y los ultranacionalistas acusaron directamente a Zelenski de «traición».

Según el antiguo negociador ucraniano, Román Bezsmertni, la fórmula «es un camino a la guerra, no a la paz». Y llamó a las autoridades a publicar íntegramente el contenido de la propuesta del presidente alemán.

En Ucrania temen que las elecciones significarán únicamente la legitimación de las autoridades insurgentes que llegaron al poder tras la sublevación armada de abril de 2014, con ayuda de Rusia, y exigen salvaguardas por escrito.

«Vladímir Alexándrovich (Zelenski), sí que ha logrado usted reunir bien rápido un nuevo Maidán. «Ni (el derrocado presidente Víktor) Yanukóvich pudo soñar nunca con algo igual», aseguró el experto militar ucraniano Denís Popovich, en referencia a la posibilidad de una revolución contra el actual presidente como la que estalló en 2014 por capitular ante Rusia.

Ignacio Ortega

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