El Cairo, 19 oct (EFE).- Una gran parte de la población sigue llorando a sus muertos y detenidos en el feudo islamista de Kerdasa, al suroeste de El Cairo, que fue hoy testigo de una atípica jornada electoral con múltiples irregularidades para atraer a las urnas a los esquivos votantes.

En esta apartada y pobre localidad rural de calles sin asfaltar, las elecciones parlamentarias han generado controversia, dos años después de que las fuerzas de seguridad y la justicia cayeran a plomo sobre sus habitantes por su rechazo al golpe de Estado de julio de 2013 contra el islamista Mohamed Mursi.

“Todas las familias están heridas y tienen miembros muertos o detenidos. ¿Por qué vamos a ir a votar?”, se preguntaba uno de los residentes de Kerdasa, Mohamed al Sheij.

Este joven explicó a Efe que no se percibe en el país “ni democracia ni justicia” y que la continua presión gubernamental contra Kerdasa desde los incidentes de 2013 “no permite un ambiente electoral”.

Kerdasa se hizo tristemente famosa cuando, tras el desalojo de las acampadas cairotas de los seguidores del derrocado Mursi en agosto de 2013, una turba asaltó e incendió la comisaría local, causando la muerte a catorce policías.

Por estos sucesos fueron posteriormente condenados a la pena capital unas 200 personas, en juicios sumarios con pocas garantías legales.

Entre agosto y septiembre de 2013, Kerdasa estuvo además fuera del control de las autoridades, en manos de grupos islamistas hasta que una gran operación policial los expulsó de la población.

El general Heshmat Darwish, candidato al Parlamento por Kerdasa, subrayó a Efe que su pueblo “no es terrorista”: “Sus gentes son humildes y todos los asesinatos y ataques fueron perpetrados por foráneos para crear el caos”.

Tras visitar uno de los colegios electorales, Darwish, que opta a uno de los 448 escaños destinados en la futura cámara a los aspirantes individuales, reconoce que la situación actual influye en que “la participación sea limitada”.

Uno de los vecinos del barrio que ha decidido boicotear el proceso es Hozam Mohamed, de 27 años, que votó a los Hermanos Musulmanes y a Mursi en las últimas parlamentarias y presidenciales, respectivamente.

“No he participado porque no hay nadie bueno a quien votar ni entre los que gobiernan el país. Los candidatos son los de siempre, se presentan desde la época de Hosni Mubarak”, dijo a Efe junto a una cafetería de Kerdasa.

En su opinión, el boicot es generalizado entre los que concurrieron a los comicios celebrados tras la revolución contra Mubarak, en los que los islamistas se hicieron con tres cuartas partes del Parlamento.

“En realidad, todos están en la cárcel o muertos”, lamentó el joven.

La violencia sigue además sacudiendo este bastión islamista, donde ayer, en el primer día electoral, fueron desactivadas dos bombas cerca de un centro de votación.

Los habitantes ya están acostumbrados a esta tónica, por lo que hombres vestidos con “galabeya” (túnica tradicional) y mujeres con velo se dedicaban a sus quehaceres diarios ajenos a la elección del nuevo Parlamento, el primero que se formará tras el golpe de Estado contra Mursi.

Ante el escaso interés, los candidatos no dudaron en dar un “empujoncito” a los potenciales votantes. Junto a un colegio electoral dos muchachos ofrecían 50 libras (5,5 euros), según pudo constatar Efe, aunque el apoyo a algunos aspirantes se llegaba a cotizar a 200 libras (22 euros).

Por las calles polvorientas también circulaban numerosos microbuses fletados por los candidatos del distrito, que llevaban a las urnas a sus electores, en su mayoría mujeres.

El único candidato islamista de Kerdasa es Mohamed Rabia al Duh, del partido salafista Al Nur, que respalda al actual presidente y protagonista de la asonada, Abdelfatah al Sisi.

Sus representantes hacían guardia a la entrada de uno de los colegios electorales, conscientes de las dificultades para repetir el triunfo de las últimas legislativas.

La presión es fuerte contra los islamistas y, aunque el responsable local de Al Nur, Mustafa Ramadan, negó que estén teniendo problemas, Efe pudo constatar cómo un militar interpelaba a uno de sus miembros y le impedía hablar con la prensa.

Al Nur fue la segunda fuerza más votada en las parlamentarias de 2012, por detrás de los Hermanos Musulmanes, que tras ser declarados grupo terrorista y su partido ilegalizado son los grandes ausentes de esta cita electoral, en la que pocos egipcios tienen puestas sus esperanzas.

Marina Villén e Imane Rachidi