Ciudad del Vaticano, 4 ago (EFE).- El papa Francisco pidió hoy a 9.000 monaguillos con los que se reunión en el Vaticano que se conviertan en misioneros y que no se encierren en sí mismos, sino que compartan la alegría y la misericordia de Dios con los demás.

El pontífice realizó estas reflexiones durante un encuentro que mantuvo en la Plaza de San Pedro del Vaticano con participantes de la IX Peregrinación Internacional de Acólitos y Monaguillos, que se celebra del 3 al 6 de agosto en Roma.

«Si no ponemos resistencia a la acción de Dios, él tocará nuestros labios con la llama de su amor misericordioso, como lo hizo con el profeta Isaías, y esto nos hará aptos para acogerlo y llevarlo a nuestros hermanos», señaló Jorge Bergoglio a los miles de monaguillos procedentes de países como Francia, Italia, Portugal, Suiza, Hungría o Serbia, según detalló la Santa Sede.

El pontífice citó al profeta Isaías para insistir a los presentes en la importancia de no encerrarse en su propia fe, sino transmitir la alegría de Dios al prójimo.

«Como Isaías, también a nosotros se nos invita a no permanecer cerrados en nosotros mismos, custodiando nuestra fe en un depósito subterráneo en el que nos retiramos en los momentos difíciles», sostuvo.

«Estamos llamados más bien a compartir la alegría de reconocerse elegidos y salvados por la misericordia de Dios, a ser testigos de que la fe es capaz de dar un nuevo rumbo a nuestros pasos, que ella nos hace libres y fuertes para estar disponibles y aptos para la misión», agregó.

Bergoglio aludió asimismo a la belleza de «descubrir que la fe nos hace salir de nosotros mismos, de nuestro aislamiento y que, precisamente rebosantes de la alegría de ser amigos de Cristo, el Señor, nos mueve hacia los demás, convirtiéndonos naturalmente en misioneros».

Durante su discurso, el papa agradeció a los asistentes el haberse «puesto en camino desde diversos países para peregrinar a Roma, el lugar del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo».

«Gracias por vuestra disponibilidad de servir en el altar del Señor, haciendo de este servicio una cancha de educación en la fe y en el amor al prójimo», agregó.

Algunos monaguillos que participaron en esta ceremonia, de carácter festivo y muy musical, pudieron saludar al papa al final del encuentro y entregarle algunos regalos como la estatua de una virgen o un pañuelo de color rojo.