Kabul, 5 jun (EFE).- El ministro de Exteriores de Afganistán, Salahuddin Rabbani, pidió hoy públicamente la destitución de “todos” los jefes de órganos de seguridad por considerarlos “incapaces” de realizar su trabajo, tras dos ataques que causaron la semana pasada casi un centenar de muertos y más de 500 heridos en Kabul.

“Hay un gran problema con la dirección de las instituciones de seguridad, deben ser despedidos y la gente aceptable para la población de Afganistán debe venir y liderar estas instituciones de seguridad tan importantes”, afirmó Rabbani en una rueda de prensa organizada por su partido, el Jamiat-i-Islami.

El ministro pidió específicamente la renuncia del asesor de Seguridad Nacional, Hanif Atmar, y aseguró que los ataques ocurridos en el último año han puesto en tela de juicio la actuación de los altos mandos de seguridad y defensa.

Afganistán sufrió en los últimos meses algunos de los peores atentados de su historia, como el que el pasado abril causó la muerte de 138 soldados en una base de Mazar-e-Sharif (norte) o el que en marzo acabó con la vida de 55 personas en un hospital militar de Kabul.

Solo desde el miércoles, dos atentados en la capital afgana, uno a la entrada de la zona de alta seguridad y otro durante el funeral del hijo de un senador de Jamiat-i-Islami, causaron un total de 96 muertos y 550 heridos.

Rabbani, que salió indemne del ataque al funeral, donde se encontraba en ese momento, sugirió que para que atentados de esta envergadura tengan lugar tiene que haber “círculos e individuos en los órganos de seguridad que probablemente (trabajan) en complot y conformidad con los terroristas”.

En ese sentido, dijo que el ataque del sábado contra el funeral del hijo de un senador de su partido hubiese sido imposible para los insurgentes sin “apoyo” desde dentro de las instituciones de seguridad.

El ministro, que se encuentra en el cargo de forma interina, pidió además una investigación “transparente” de los incidentes ocurridos en la última semana y la “total” implementación del acuerdo de unidad nacional.

De no cumplirse pronto estas demandas, el jefe de la diplomacia afgana indicó que su formación política tomará medidas tras consultar con el resto de partidos.

Asistentes a la protesta violenta del viernes, muchos de ellos miembros de Jamiat-i-Islami, mantienen desde entonces una sentada cerca del lugar donde el miércoles se produjo uno de los peores ataques de los últimos 15 años en Afganistán, con 90 muertos y 463 heridos.