Nairobi, 21 jul (EFE).- La primera visita de un presidente de Estados Unidos en ejercicio a Kenia, la de Barack Obama, se produce en un momento en el que la gran potencia mundial necesita recuperar terreno a China en el África Subsahariana, escenario de la lucha por su influencia global.

Cuando Obama pise este viernes la tierra donde nació su padre -es su tercera visita pero la primera como jefe de Estado- se encontrará un país en plena ebullición urbanística, con abigarrados edificios sepultando antiguos bosques.

La fiebre constructora en Nairobi y otras ciudades lleva la etiqueta “made in China”, marchamo de un desarrollo acelerado y de bajo coste que el gigante asiático, primer socio comercial del continente, ha expandido a toda la región desde Kenia.

“Kenia es, a la vez, un nudo económico (que conecta el este y centro de África) y una puerta de entrada para los jugadores externos que quieran acceder a la región”, explica a Efe el director del observatorio keniano Inter Region Economic Network (IREN), James Shikwati.

En África Oriental, Kenia es uno de los regímenes más estables y con el capital humano mejor preparado, prerrogativas de las que ha sacado partido China, el primer inversor en suelo keniano con 474 millones de dólares en 2013, casi el doble que EEUU.

A nivel continental, la inversión directa de China se ha multiplicado por 30 en una década y ha llegado a los 25.000 millones de dólares, todavía lejos de los más de 80.000 millones destinados por EEUU, el segundo inversor en África después del Reino Unido, según datos de 2013 de la ONU y el Gobierno chino.

Pero China aventaja claramente a EEUU es en la carrera comercial: la superpotencia oriental sobrepasó en 2009 a su rival económico al convertirse en el primer socio del continente.

La brecha abierta entonces no ha dejado de crecer y, en 2013, el comercio China-África llegó a los 200.000 millones de dólares, más del doble que la relación bilateral entre EEUU y el continente.

China ha convertido a África en su principal suministrador de crudo, ha diversificado sus ventas -con maquinaria, electrónica y automóviles- y ha levantado las infraestructuras de medio continente a cambio de asegurarse el acceso a sus codiciados recursos naturales.

La administración Obama -lastrada por la crisis de 2008 y la bajada de la compra de petróleo a sus socios africanos- reaccionó con el anuncio de planes de inversión durante su visita a Tanzania en 2013, que escenificó un cambio de rumbo en su política exterior africana afianzado por la cumbre EEUU-África del pasado agosto.

Pero el objetivo de alcanzar a China sigue alejado: “La visita de Obama -a Kenia- está llamada a apoyar las plataformas estadounidenses en la región y contrarrestar la última oleada china en la puerta de entrada a África Oriental”, abunda el analista keniano.

China ha marcado el paso hasta ahora, apoyada por su Gobierno y por una trayectoria histórica que hace que sus empresarios “entiendan las necesidades económicas de África mejor que los estadounidenses”, según el investigador Joseph Onjala, del Instituto de Estudios en Desarrollo de la Universidad de Nairobi.

Al gigante asiático, un régimen dictatorial en sí mismo, no le cuesta mirar hacia otro lado ante el poco respeto de muchos mandatarios africanos hacia los derechos humanos.

Esa indolencia, que les ha permitido ganarse a los líderes locales, podría volverse en su contra con el surgimiento de un activismo africano que está empezando a denunciar la corrupción y la contaminación, asuntos sobre los que China se muestra permisiva.

“La visita de Obama tiene la intención de tender un puente entre África y los estadounidenses, especialmente los afroamericanos”, sostiene Shikwati.

Con todo, en opinión del analista del IREN, a EEUU le vendría bien un “cambio de actitud” para avanzar en el neoreparto africano.

“Tradicionalmente, EEUU se acerca a África desde el punto de vista de que son los africanos los que deben escuchar. Un cambio en el sentido de la escucha podría jugar a su favor”, aconseja.