Pekín, 25 abr (EFE).- China ha acordado con Brunei, Camboya y Laos que las disputas de soberanía en el Mar de China Meridional no afecten a la relación entre Pekín y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), según afirmó el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi.

En un comunicado publicado el domingo, Wang asegura que los cuatro coincidieron en que la confrontación por la soberanía de islas en este mar no debe ser un problema para Pekín y la ASEAN, formada por Birmania, Brunei, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Singapur, Tailandia y Vietnam; y para la que China es su principal socio comercial.

Cuatro de los diez miembros de la ASEAN -Filipinas, Vietnam, Malasia y Brunei- mantienen reclamaciones en el Mar de China Meridional, que China considera parte de su territorio prácticamente en su totalidad.

En este contexto, Wang destacó la «importancia» del acuerdo, que anunció durante su visita a Laos, tras pasar por Brunei y Camboya.

El consenso se anuncia después de que los ministros de Exteriores de la ASEAN expresaran su preocupación en febrero por las tensiones en el Mar de China Meridional, tras las informaciones publicadas sobre la instalación de un sistema de lanzamiento de misiles tierra-aire por parte de Pekín en una de las islas que se disputa con otras naciones.

Sin aludir expresamente al Gobierno chino, los ministros manifestaron que las reclamaciones territoriales de las islas aumentan «las tensiones y pueden socavar la paz, la seguridad y la estabilidad en la región».

Poco después, la alta representante de la Unión Europea (UE) para Política Exterior, Federica Mogherini, mostró su «profunda preocupación» por el despliegue de misiles en islas del Mar de China Meridional y pidió «abstenerse de militarizar» ese territorio disputado.

Mogherini pidió medidas que creen confianza y garanticen seguridad en la región, y afirmó que apoya los procesos liderados por la ASEAN de cara a concluir un código de conducta que «apoye un orden regional e internacional basado en normas».

Ante las críticas, China defiende que las instalaciones construidas en las islas disputadas cumplen con la ley y tienen fines civiles y de defensa, mientras Estados Unidos le acusa de militarizar la zona, rica en recursos naturales y clave para las rutas de navegación.