Qingdao (China), 8 jun (EFE).- La Organización para la Cooperación de Shanghái (OCS), el organismo para coordinar la seguridad regional en Asia que lideran China y Rusia, celebra este fin de semana una cumbre en la que se espera que Irán, Corea del Norte y la lucha antiterrorista sean los temas preponderantes.

El puerto oriental de Qingdao, un popular destino playero para los chinos que fue colonia alemana y conserva por ello numerosos edificios de estilo germano, es el escenario de la XVIII cumbre anual de la OCS, primera en la que India y Pakistán serán miembros de pleno derecho en la organización.

La reunión, en la que participarán los presidentes de China, Xi Jinping, Rusia, Vládimir Putin, e Irán, Hasan Rohaní, se celebrará pocos días antes de la esperada cumbre en Singapur entre los mandatarios de Estados Unidos y Corea del Norte, Donald Trump y Kim Jong-un.

La presencia de Rohaní en la cumbre de la OCS, donde Irán no es miembro pero sí país observador, es vista por los analistas como un apoyo de China y Rusia al régimen de Teherán frente a las dificultades diplomáticas que atraviesa la república islámica, después de que Trump anunciara que EEUU se retiraba de los acuerdos firmados en 2015 en torno al programa nuclear iraní.

El ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, insistió en una reciente presentación de la cumbre que ésta continuaría buscando la coordinación regional para luchar contra lo que Pekín llama las “tres fuerzas malignas del terrorismo, el extremismo y el separatismo”.

Wang también mencionó sin embargo la necesidad de coordinar mejor la lucha de la OCS contra otros aspectos como el narcotráfico -en una zona próxima a dos de las principales áreas de producción de estupefacientes del mundo, Afganistán y el sureste asiático- y el cibercrimen.

Por su parte, la prensa oficial china también mencionó los “populismos” como otro reto al que se enfrenta la organización fundada en 2001 .

La OCS, que aglutina a China, Rusia, Kazajistán, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguizistán, India y Pakistán, se enfrenta ahora al reto que ha planteado su reciente ampliación con dos gobiernos que tradicionalmente han sido enemigos, como son el de Islamabad y el de Nueva Delhi.

Tras esa incorporación, aprobada el pasado año en la XVII Cumbre de Astaná (Kazajistán), la OCS se ha convertido, pese a su no muy arraigado reconocimiento internacional, en una organización cuyos países miembros suman cerca de la mitad de la población del mundo y el 60 por ciento del territorio de Eurasia.

Se espera que en la cumbre la anfitriona China proponga la creación de una agencia regional de lucha antidrogas, similar a la que la OCS ya opera contra el terrorismo transnacional en Taskent, la capital uzbeca, y que según sus responsables ha frustrado 600 atentados en la zona deteniendo a 2.000 presuntos terroristas.

Irán, Mongolia, Afganistán y Bielorrusia son países observadores de la OCS y candidatos a formar parte de ella en el futuro, lo que podría continuar aumentando la importancia estratégica y la influencia política de esta organización que los analistas consideran cada vez más como una versión asiática de la OTAN.

Al término de la cumbre se firmará la llamada “Declaración de Qingdao”, en la que se repasarán los 17 años de funcionamiento de la OCS, y se prevé la suscripción de una decena de acuerdos de cooperación regional en seguridad, economía y otros sectores.