Ana Frank, dos años en la casa de atrás
Una mujer observa una fotografía de Ana Frank en el museo de su casa de Ámsterdam. EFE/Toussaint Kluiters

“No quiero haber vivido en vano como la mayoría de la gente. Quiero ser útil o llevar alegría a la gente, incluso a las que nunca conocí. Quiero seguir viviendo incluso después de mi muerte”, y lo logró, porque a Ana Frank la sobrevivió su diario, convertido 75 años después de su publicación en uno de los diez libros más leídos en el mundo.

Esta es una de las frases que recoge Ana Frank en su diario el 5 de abril de 1944, meses antes de su arresto y muerte en un campo de concentración alemán cuando faltaban pocas semanas para que concluyera la Segunda Guerra Mundial.

El 25 de junio se cumple el 75 aniversario de la primera edición del “Diario Ana Frank” que, en 1947, publicó en forma de libro Otto Frank, padre de la niña judía víctima de los nazis y único superviviente de la familia.

Retrato de Ana Frank, autor de un diario que cumple 75 años de su publicación. EFE/SHAWN THEW

El diario íntimo de la joven de trece años, que en un primer momento recibió el nombre de “La casa de atrás”, es uno de los testimonios más conocidos del horror del Holocausto en el que narra sus sentimientos y experiencias relacionadas con la atrocidad y la barbarie nazi.

Annelies Marie Frank Hollander, más conocida como Ana Frank, nació en Fráncfort el 12 de junio de 1929 y, tras la ascensión de los nazis al poder, emigró con su familia a Holanda, donde les sorprendió la invasión alemana durante la II Guerra Mundial.

La joven pasó casi dos años y medio escondida y, tras ser descubierta junto a sus familiares, fue enviada con su hermana Margot al campo de exterminio de Auschwitz (Polonia) primero y más tarde al de Bergen-Belsen (Alemania), donde murió en febrero de 1945 a consecuencia del tifus sin haber cumplido los dieciséis.

761 DÍAS REFUGIADA DE LOS NAZIS

Durante 761 días, entre el 6 de julio de 1942 y el 4 de agosto de 1944, Ana vive oculta con los tres miembros de la familia, su padre, su madre y su hermana, y otros cuatro judíos en el anexo de la empresa que el padre tenía en la calle Prinsengracht, en Ámsterdam, al que se accedía por una puerta falsa y camuflada tras una estantería, convertido desde 1960 en un museo dedicado a su figura.

En este tiempo escribe sobre lo que ocurre en la casa de atrás, pero también sobre lo que siente y piensa, en un diario que le regalaron en su trece cumpleaños y que Ana metió en su cartera escolar cuando tuvo que abandonar la casa familiar para esconderse en este espacio secreto.

Vista de un retrato de la diarista judía alemana y víctima del Holocausto Ana Frank en una habitación de su antigua casa situada en Ámsterdam (Holanda), el 16 de noviembre de 2017. EFE/ Koen Van Weel

Encontró en este cuaderno de cuadros rojos y blancos el alivio de su cautiverio, como se lee en una de sus páginas “¡La mejor parte es poder escribir todos mis pensamientos y sentimientos! De lo contrario, me asfixiaría por completo”.

Ana dirige sus sensaciones a un grupo imaginario de amigas, principalmente a la Querida Kitty, que proviene de una serie de libros que lee la joven antes y después de estar en la clandestinidad, escritos en forma de carta y que le inspira para abordar así sus textos.

El Diario se interrumpió el 1 de agosto de 1944, tres días antes de que Ana y su familia fueran delatados a la Gestapo y arrestados. Una de las protectoras de los Frank encontró sus manuscritos desparramados por la estancia y los guardó con la intención de devolvérselos en cuanto regresara tras la guerra, pero el único que sobrevivió fue Otto.

Lápida de la escritora y diarista Ana Frank en Bergen-Belsen, Alemania. EPA/JULIAN STRATENSCHULTE

El padre de la joven recuperó sus páginas al regresar a Ámsterdam y no cejó hasta su publicación, cumpliendo así con la ilusión de la niña, que quería convertirse en escritora o periodista.

“Cuando acabe la guerra quisiera publicar un libro titulado `La casa de atrás´; aún está por ver si resulta. Pero mi diario podrá servir de base”, soñaba Ana durante su encierro.

La idea le surge a Ana en 1944, tras escuchar en la radio un llamamiento del ministro holandés Bolkestein solicitando a los ciudadanos que conserven los documentos importantes para que después de la guerra se conozca lo vivido durante la ocupación alemana. Ella reescribe gran parte de su diario, omite textos y relata otros nuevos en hojas separadas.

OTTO HACE REALIDAD EL DESEO DE SU HIJA ANA

Con el objetivo de difundir el deseo de Ana de transmitir a la humanidad el sufrimiento causado por la opresión nazi entre la población judía, Otto Frank decide publicar el diario de su hija.

La primera versión del Diario de Ana Frank aparece el 25 de junio de 1947 en su versión holandesa con una tirada de 3.000 ejemplares, después de que Otto expurgara algunos pasajes en los que la adolescente se refería en términos poco halagüeños a algunos de los escondidos en el habitáculo de Prinsengracht, entre ellos su propia madre, así como los comentarios sobre detalles íntimos relacionados con su despertar a la sexualidad.

Desde entonces, el libro ha sido traducido a cerca de 70 idiomas y se ha vendido en 100 países diferentes. En 1986 se publicó una edición crítica con el añadido de algunos de los pasajes suprimidos por Otto Frank y en 2001 el Instituto Holandés de Documentación de Guerra, propietario del manuscrito, publicó la edición definitiva.

Nueva York estrenó en 1955 una versión teatral original del estadounidense Alfred Hackett, texto que fue llevado al cine cuatro años más tarde con notable éxito comercial. El Diario de Ana Frank cuenta con el reconocimiento internacional y está incluido en la lista de patrimonio de la literatura mundial y documental de la Unesco.


Amparo Mármol

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