Berlín, 18 oct (EFE).- La incesante llegada de refugiados a Alemania ha generado una creciente crispación en el país, reflejada en tensiones políticas y sociales, pero también en ataques xenófobos como el sufrido por la candidata a la alcaldía de Colonia, Henriette Reker, responsable de su acogida en la ciudad.

Mientras la canciller Angela Merkel viajaba hoy a Turquía, al encuentro del presidente Recep Tayyip Erdogan y en busca de remedios a las oleadas de refugiados, Alemania era este domingo un espejo de los desafíos, políticos y logísticos, que confluyen en el país.

En primer lugar, el impacto tras el ataque xenófobo sufrido por la candidata a la alcaldía de Colonia Henriette Reker, de 58 años e independiente, que partía como favorita en esos comicios locales.

La víspera electoral, en un último paseo en busca del elector, un desempleado de 44 años, que al parecer militó en los años noventa en las filas neonazis, le causó heridas en el cuello que hicieron temer por su vida, tras lanzarse a cuchilladas sobre ella y sus acompañantes.

El estupor ante el ataque -que el mismo agresor explicó como un acto xenófobo- se extendió a todo el espectro parlamentario alemán, mientras el ministro del Interior, Thomas de Maiziére, lo calificaba de exponente de la crispación creciente que se respira en el país.

Los ataques ultraderechistas contra centros de asilados se dispararon en los últimos meses -más de 200 en el primer semestre del año- y también las amenazas y acciones de acoso a alcaldes y políticos locales que defienden su acogida.

Los campamentos y centros de asilados improvisados repartidos por toda Alemania, en municipios grandes y pequeños, están desbordados y el pronóstico sobre el cómputo de solicitantes que recibirá el país este 2015 los sitúa entre los 800.000 y el millón de personas.

La llegada del duro invierno obliga a actuar con rapidez y acelerar los procesos de evaluación de esas solicitudes, mientras día a día se suceden situación tensas entre los residentes.

Solo este fin de semana se registraron dos enfrentamientos graves: un somalí murió tras ser atacado por otro residente, en un albergue de Baja Sajonia (norte), mientras que un afgano quedó herido de gravedad en circunstancias parecidas en Turingia (este).

Las precarias condiciones en que a menudo quedan alojados o la lucha diaria ante los centros de registro donde deben guardar cola, de madrugada, simplemente para obtener turno para presentar su solicitud han derivado en batallas campales entre peticionarios.

Merkel, cuyos sucesivos gobiernos frenaron las aspiraciones de Turquía a ingresar en la UE, se muestra ahora más receptiva ante sus peticiones de apoyo financiero y político para atender en su territorio a los refugiados que buscan llegar a Europa.

La canciller necesita distender la situación también entre sus propias filas, donde han arreciado las críticas por la generosa acogida de refugiados que hasta ahora defendió, como ha comprobado estos días en sucesivos actos de partido.

Pocos en la Unión Cristianodemócrata (CDU) se atrevían hasta ahora a discutirle a Merkel la línea a seguir, pero de pronto se ha topado con una fuerte resistencia, como si la formación que preside desde 2000 se hubiera contagiado de la línea divergente de su hermanada y más derechista Unión Socialcristiana de Baviera (CSU).

Las Juventudes de la CDU, ante cuyo congreso habló Merkel el viernes, terminaron hoy sus sesiones con una resolución instando a marcar un tope al cómputo de refugiados que puede acoger el país, cuestión que la canciller considera impracticable.

A la canciller se le han venido encima presiones a las que no estaba acostumbrada, además de exigencias de los poderes locales, que reclaman más recursos para atender a los refugiados.

En cambio, cobraron vigor fuerzas que parecían agónicas, como la euroescéptica Alternativa para Alemania (AfD) o el movimiento de los Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida).

Recientes sondeos vuelven a situar a AfD por encima del 5 % -mínimo para obtener escaños-, mientras que Pegida tiene convocada mañana una marcha de “celebración” del primer aniversario de su nacimiento, en Dresde (este), después de varias semanas después de semanas de haber aglutinado ya a miles de seguidores en esa ciudad.