Dakar, 19 jun (EFE).- El Sahel, una de las zonas más empobrecidas y olvidadas del mundo, sufre una falta de visibilidad porque esta crisis no afecta a «centros económicos y de producción que tienen un impacto global», asegura a Efe el coordinador para la región de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), Xavier Creach.

Cada año, el empeoramiento de las condiciones alerta de una «crisis humanitaria sin precedentes», pero estas palabras parecen no captar la atención sobre esta árida región africana, sacudida por yihadismo, hambrunas, sequías o conflicto intercomunitarios.

En una zona donde huir al país vecino no asegura escapar de la violencia, Creach advierte desde su oficina de Dakar, de que la respuesta humanitaria está subfinanciada porque los esfuerzos se focalizan en la solución militar.

PREGUNTA (P): Más allá de que se trata de una franja geográfica entre el Sáhara y la sabana, ¿Cómo definiría el Sahel?

RESPUESTA (R): Por mi trabajo, mi enfoque en el Sahel está relacionado con el conflicto armado y por el impacto que tiene en términos de derechos humanos y de desplazamientos forzosos. Hay causas que son muy antiguas, relacionadas con el desarrollo, la pobreza, la falta de servicios básicos o el impacto del cambio climático, que son causas pero también consecuencias del conflicto.

«LA ZONA DE ASILO SE HA VUELTO MAS PELIGROSA»

P: Por todo eso, más de 2,5 millones de personas se han tenido que desplazar internamente o refugiarse en países vecinos. ¿Tiene alguna particularidad ser refugiado o desplazado en el Sahel?

R: Sí. La primera particularidad del Sahel es que tenemos casi todos los países de origen que son también de asilo. Hay refugiados de Malí en Níger y Burkina Faso, refugiados de Burkina Faso en Malí o Níger.

La segunda característica es que la zona de asilo y protección se ha puesto a veces más peligrosa para los refugiados que el país de origen. Hoy bastantes refugiados regresan desde Burkina Faso a Mali, pero no porque consideran que la situación en Mali permite el retorno, sino porque estaban viviendo en una zona de Burkina Faso que se ha puesto más peligrosa que Mali.

P: ACNUR ha advertido de que la COVID-19 puede ocasionar una crisis humanitaria «sin precedentes» en el Sahel, pero estos países no han confirmado muchos casos. ¿Qué impacto está teniendo el coronavirus?

R: No pensamos que el coronavirus va a generar una crisis humanitaria separada, sino que es un factor adicional que aumenta la gravedad de la crisis humanitaria que ya existía. Hoy hay pocos casos identificados en el Sahel, pero es una estadística a tomar con mucha precaución porque también se han hecho muy pocas pruebas.

África ha tomado medidas de prevención muy temprano, pero es demasiado pronto para decir que fue una victoria. Sin embargo, hay que diferenciar la crisis sanitaria que puede generar y el impacto directo que ya tiene la COVID-19, que es la crisis económica. Muchas de las personas de esta región han perdido acceso a los recursos económicos y opciones laborales y eso aumenta de manera considerable la probabilidad de reclutamiento de grupos armados o criminales y aumenta el riesgo de desplazamiento porque no pueden sobrevivir.

P: ¿Cómo está afectando el cierre de fronteras por la COVID-19 a los refugiados y a las personas que huyen?

R: Sabemos que en África los cruces de fronteras, y esto desde antes del coronavirus, se hacen muchas veces de manera informal. Hay familias y comunidades que viven de ambos lados que se desplazan por sus actividades económicas, con el ganado. Sin embargo, ha habido un impacto importante. Varios refugiados en Burkina Faso declararon que querían regresar a Mali porque la situación era demasiado peligrosa, pero desde ACNUR, hoy por hoy, no podemos facilitar este retorno y, además, hay que tener cuidado porque, obviamente, no queremos que los refugiados sean un factor de transmisión del virus de un país a otro o de una comunidad a otra. No se ha confirmado ningún caso de COVID-19 entre los refugiados en el Sahel, pero se ha confirmado en zonas donde están y el riesgo de que llegue a los refugiados es muy alto.

«ESTAMOS AL BORDE DIRÍA DE UNA CATÁSTROFE HUMANITARIA»

P: Naciones Unidas usa a menudo la expresión de «emergencia humanitaria sin precedentes» refiriéndose al Sahel. ¿Qué sucede para que sea una constante escuchar esta expresión?

R: En enero de 2019 había en Burkina Faso 57.000 desplazados, 15 meses después, 921.000. En 2020, 5,5 millones personas podrían sufrir inseguridad alimentaria en el Sahel central; el año pasado eran la mitad, 2,6 millones. El tema del Sahel es la multiplicación de causas muy graves que se retroalimentan. El conflicto armado, el cambio climático en el Sahel, que tiene el impacto más grande del mundo; la falta de desarrollo, que es una cosa histórica; la COVID-19, el desplazamiento forzado…Hemos dicho que estamos al borde de una crisis humanitaria, ahora diría de una catástrofe humanitaria. La situación del Sahel es incomparable. Hablamos de una convergencia absolutamente terrible de factores. Y todas las causas del conflicto y las crisis se vuelven consecuencias. Es un círculo vicioso.

P: ACNUR pidió la semana pasada a los donantes 186 millones de dólares para la región. Da la sensación de que el dinero nunca es suficiente para una mejora en el Sahel. ¿A qué se debe?

R: Entiendo muy bien esa pregunta. Sin embargo, hay que distinguir a dónde va el financiamiento en el Sahel. Un problema que tenemos en el Sahel es que todo el mundo habla de la crisis de seguridad, el conflicto armado y el terrorismo. La gran mayoría de los recursos se van a la respuesta militar. Hay un apoyo bilateral o multilateral absolutamente tremendo que se da en términos de respuesta de seguridad, pero no hay tantos fondos que llegan a la respuesta humanitaria. Hay una crisis humanitaria, la respuesta militar no es una respuesta a la crisis humanitaria y, si no hay respuesta humanitaria, eso puede alimentar el conflicto.

P: Según la ONU, la respuesta humanitaria en el Sahel dispone hoy día de sólo un 26 % del total de fondos necesarios. Esa subfinanciación también suele ser recurrente en el Sahel, ¿por qué?

R: Primero, porque cuando escuchas que países europeos o de otras partes del mundo tienen un presupuesto muy importante para el Sahel la parte humanitaria es pequeña. Segundo, es una crisis que, por el momento, tiene un impacto limitado sobre la economía, no hay centros económicos y de producción que tienen un impacto global amenazados por este conflicto por el momento, porque si baja a los países costeros (Ghana, Costa de Marfil, Togo y Benín) eso podría cambiar.

Así que no es una crisis que hace temblar las capitales de los países donantes, es una crisis alejada. Hace décadas que se habla del Sahel, la situación empeora y empeora, pero pienso que hay una falta de conciencia y de visibilidad. A mí me sorprende; yo leo la prensa todos los días y veo artículos sobre la respuesta militar, ataques, la violencia, pero nunca veo un artículo sobre el cierre de las escuelas, sobre que hay casi un millón de desplazados en un año en Burkina Faso. No sé hasta qué punto se conocen las necesidades.

LOS JÓVENES, «OBJETIVO» A RECLUTAR POR GRUPOS ARMADOS

P: Entre las personas que se refugian o se desplazan hay muchos niños y niñas. ¿Cómo afecta esto al futuro de estos países?

R: La juventud está bajo mucha presión, los niños también, pero la juventud es el objetivo de muchos grupos armados que quieren reclutar. La mejor respuesta para los niños y adolescentes es la educación como herramienta para desarrollar capacidades intelectuales y oportunidades laborales; es una oportunidad para prevenir el fundamentalismo. Hay oportunidades y si no se aprovechan los riesgos son altísimos y podrán impactar en la estabilidad regional.

María Rodríguez

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