Raleigh.- A finales del año 2009, la mexicana Claudia Santiago se encontraba acorralada por un destino cruel. Enfrentaba una orden de deportación, le hallaron un tumor cancerígeno en el cerebro y a su hija le diagnosticaron epilepsia. Todo al mismo tiempo.

Casi tres años después, esta mujer de 36 años no solo sigue viva, sino que se ha recuperado totalmente, la enfermedad de su niña ha sido controlada y ella acaba de recibir su tarjeta de residente gracias al trabajo de un abogado que no le cobró ni un dólar por llevar su caso de inmigración.

“Estoy muy feliz y le doy gracias a Dios porque Él me dio todo”, dijo Santiago. “Él me dio las fuerzas y me llevó al lugar correcto cuando me enfermé y con el abogado correcto”.

Los problemas para esta inmigrante mexicana, madre de dos hijos, comenzaron en noviembre de 2009, cuando ella empezó a experimentar fuertes dolores de cabeza. “Las pastillas ya no me hacían efecto”, recordó. Un neurólogo que finalmente descubrió el tumor mediante una resonancia magnética.

A inicios de 2010, Santiago fue referida al Hospital de Duke, donde se le practicó una biopsia que confirmó que su tumor cerebral era cancerígeno.  Sin embargo, ella afirma que la noticia no la desplomó y que nunca perdió la fe.

“Casi ni lloré,  solo me encomendé a Dios y me dije a mí misma que si me quería curar no me podía dejar vencer por el pesimismo”, contó la mujer que fue atendida por una de las mejores especialistas, la doctora Annick Desjardins.

Por aquel entonces, Santiago planeaba abandonar el país voluntariamente tras haber sido procesada en septiembre de 2009 a través del programa de deportación 287 (g) en el condado de Wake.

Sin embargo, el abogado Jim Melo, a quien la mujer acudió tras su breve paso por la cárcel de Wake, le dijo que había una opción para pelear su residencia, ya que si era deportada afectaría la salud de su hija menor, ciudadana estadounidense, a quien se le había diagnosticado epilepsia.

“A ese abogado le debo mucho. Nunca voy a dejar de pedir bendicones para él y su familia porque no me vio a mi como un caso más, ni pensó en el dinero, sino en el lado humano. Él me dijo, ‘no se preocupe, usted ha pasado por muchas cosas, yo le voy a llevar su caso y no me tiene que pagar ni un centavo’”, contó Santiago.

“Él me llevó a corte con mi hija hasta Charlotte en su carro, gastó su tiempo, su gasolina y no me cobró nada. Imagínese todo el tiempo que me dedicó, el trabajo que hizo y no me pidió dinero”.

De esa forma, mientras la mujer recibía su tratamiento de quimioterapia y radioterapia en el Hospital de Duke, el abogado acudió a la corte de inmigración para pelear su caso.

Melo consiguió un permiso humanitario para que sus padres pudieran viajar desde México a Raleigh para reunirse con ella, por primera vez en 17 años. “Fue la mejor Navidad de mi vida”, recuerda la mexicana cuya historia fue seguida por Qué Pasa desde el principio, a través de tres publicaciones.

Poco más de un año después de iniciado su tratamiento, que incluyó una terapia de células madre, Santiago recibió la buena noticia de que estaba curada. El tumor había desaparecido. 

 
“Mataron mi cáncer, llevo ya dos años chequeándome cada tres meses y no me encuentran nada gracias a Dios y a los doctores que me han tratado muy bien”.

En noviembre del año pasado, una vez recuperada, Santiago volvió a trabajar como cosmetóloga con un permiso de trabajo provisional que le consiguió su abogado, y el último 31 de octubre fue notificada de que el juez falló a su favor y le otorgó su residencia permanente.

Santiago se siente bendecida por su suerte y agradecida con todos quienes la ayudaron.

“Yo puedo decir que cuando uno se aferra a la vida y cree en Dios, eso mueve montañas, porque si tienes fe, tienes fuerza para seguir adelante”, dijo Santiago. “Hay que vivir día por día, ser fuerte y no tenerle miedo a lo que vaya a pasar en el futuro, porque para ganar hay que tener fortaleza”, añadió.