Raleigh.- Después de permanecer más un año encerrado en una cárcel de Atlanta, Georgia, la hora decisiva se acerca para Francisco Escobar, debido a que el 30 de agosto un juez de inmigración deberá elegir si le otorga la libertad o lo deporta a México.

Escobar fue apresado por la Policía de Raleigh el 21 de mayo de 2010, mientras caminaba por una calle poco transitada de la capital.

Aquella mañana iba acompañado de su amiga Edith Santiago, de nacionalidad estadounidense, quien también resultó detenida en el incidente, pues frente a lo que consideró una “detención injusta” insultó a los policías y luego se resistió al arresto.

Santiago afirma que ambos fueron interceptados por una patrulla mientras caminaban al mercado de pulgas de Poole Road, pero a raíz de esta detención, Escobar fue a parar a la cárcel del condado Wake, en donde se determinó que era indocumentado y fue puesto en proceso de deportación.

Más tarde y debido a que sintió que había sido víctima de un exceso, Santiago pidió una investigación a la División de Asuntos Internos de la Policía de Raleigh, aunque semanas después el expediente se cerró porque no hubo indicios contundentes que probaran que hubo discriminación racial en contra de Escobar.

En todo este tiempo tampoco se levantaron cargos criminales contra el mexicano.

De manera paralela, Santiago se contactó con la Coalición Sureña de Justicia Social (SCSJ), en Durham, que tomó el caso y actualmente representa a Escobar.

El lunes 8 de agosto se realizó una audiencia en el Centro de Detención en Stewart, Atlanta, y un juez de inmigración escuchó atentamente el descargo que hizo Edith Santiago y Elizabeth Simpson, abogada de la SCSJ, sobre los pormenores que determinaron el arresto del mexicano.

“El juez nos escuchó por un buen rato y esto es bueno”, dijo Elizabeth Simpson, quien estima que su representado tiene un 40 de posibilidades de quedarse y el resto de ser deportado, aunque podría apelar una decisión desfavorable. “El juez podría considerar que el arresto fue arbitrario, que Francisco fue golpeado y abusado en sus derechos. Sin embargo, hay posibilidades de que igualmente lo deporte”.

Santiago, quien volvió a encontrarse con su amigo después de tantos meses, lo notó contento con su presencia, bastante más demacrado, pero ambos se alegraron de haber transitado toda esta experiencia.

“Él ha resistido todo este tiempo”, dijo Santiago. “Su detención fue una injusticia, nosotros sólo caminábamos y estábamos a unos metros de mi casa. Para mi no hay duda que hubo discriminación. Incluso ese día íbamos a la pulga y llevábamos una licuadora para vender, pero uno de los agentes le dijo que con ese aparato iba a preparar salsa mexicana antes de ir deportado a su país. El racismo fue evidente”.