Fuquay Varina.- “Lupe (nombre ficticio) tomó dos tipos de medicinas y trató de suicidarse”, detalla una evaluación de seguridad elaborada por un trabajador social para describir el caso de una niña de seis años, que intentó quitarse la vida, desesperada al pensar que su mamá sería deportada.

La pesadilla de esta familia se remota a noviembre de 2010, cuando la madre de la pequeña, Lizbeth C., tuvo un problema con su arrendatario y fue acusada de un delito menor (Obtener una Propiedad bajo Falsos Argumentos), por lo que fue llevada a la cárcel de Wake, donde se comprobó que era indocumentada. Aunque la madre de la menor autorizó identificar a su hija, Qué Pasa decidió usar un nombre ficticio para proteger su identidad.

Desde aquel momento Lupe notó todo lo que ocurría con su mamá y empezó a absorber todas las angustias, preocupaciones y miedos de su progenitora, que todavía sigue luchando por quedarse en EU. El pasado mes de diciembre la pequeña envió una carta a Qué Pasa, en la que pedía a Santa Claus que “nadie deportara a su mamá”.

“Lupe es muy precoz”, diceLizbeth, quien tiene otros tres niños. “Ella vio cuando el casero me sacó de mi traila y me arrestaron. Sintió mi ausencia durante los tres días que estuve en la cárcel y más tarde escuchó a un abogado de inmigración decir que la posibilidad de ganar mi caso era mínima”.

Según relata la mujer, de origen guatemalteco, la tarde del 3 de mayo fue a visitar a su madre porque se había comprometido en ayudarla con su mudanza y encargó a sus hermanas cuidar a la niña una vez que volviera de la escuela.

Cuando Lizbeth retornó a casa, encontró a su hija hinchada y con algunas erupciones en la piel.

“La hubiera llevado al hospital esa noche, pero como no tengo licencia, preferí esperar a la mañana siguiente”, cuenta la madre. “Los doctores dijeron que algo que comió le cayó mal, aunque conforme pasaban las horas el cuerpo de mi hija seguía poniéndose peor”.

Recuerda que dos días antes de lo sucedido Lupe estuvo mal de los bronquios y la llevó al pediatra, que le recetó un antibiótico (amoxicilina) y un jarabe para la tos. Grande fue su sorpresa cuando en medio del desconcierto causado por el deterioro de la salud de su pequeña, descubrió que tales medicinas se habían “desaparecido” de la refrigeradora.

La mañana del viernes 5 de mayo Lupe volvió a la escuela, aunque a consecuencia de las marcas en la piel y la permanente hinchazón en el cuerpo, los administradores escolares asignaron un trabajador social para vigilar que todo marchara correctamente.

“Mi esposo notó que algo no andaba bien e insistió hasta que la niña le confesó que la tarde que fui a ayudar a mi madre se escondió en el baño y tomó las dos botellas de medicamento porque creyó que a mi me había llevado inmigración”.

Desde entonces la madre tuvo que dejar de trabajar y no puede despegarse de su niña, aunque contó que poco después de ese incidente encontraron un cuchillo escondido debajo de la almohada de la pequeña. “Ella lo ha negado, pero no sabemos qué pensar”.

Gemimah Rodríguez, educadora de padres del programa Safechild, una iniciativa que previene el abuso infantil en Wake, explica que muchas veces los niños asumen el peso de las cargas emocionales que padecen los padres. “Cuando en casa hay inestabilidad, miedo, angustia los pequeños lo van a sentir”, dijo Rodríguez. “El tema de inmigración, lamentablemente, involucra a niños y adultos”.