Raleigh.- Este domingo, cuando se celebre el Día del Padre, el mexicano Jovany Ramírez y su hijo Jordivani podrán celebrar juntos y sin temor a ser separados por las autoridades de inmigración, luego de casi dos años de una angustiosa batalla legal en contra de una injusta orden de deportación. VIDEO

“Se sufre mucho psicológicamente”, contó Jovany al recordar los dos años de tormento que pasó tras ser arrestado en junio de 2011 y entregado a Inmigración por un falso cargo de violencia doméstica que luego fue descartado en la corte de Wake. “Sufría más porque sabía que no tenía culpa de nada, nunca le hice daño a nadie y me mataba tener que terminar deportado sin haber hecho nada malo”.

Jovany pasó 20 días encerrado hasta que logró salir libre bajo fianza, pero su pesadilla recién empezaba pues debía pelear en una corte de inmigración contra una orden de deportación, a raíz de que en 2003 fue atrapado por la Patrulla Fronteriza cuando regresaba de México, tras acudir al funeral de su abuela.

Fueron meses difíciles para este padre mexicano que a la vez tenía la responsabilidad de la custodia de su hijo de 6 años.

“Tuve que conseguir otro trabajo porque era muy caro tener que pagar dos abogados, los viajes a la corte en Charlotte y todo lo demás. Pero yo creo en Dios y todos los días rezaba y le pedía que me dejara quedarme, que era injusto lo que estaba pasando”, cuenta Jovany.

El fin de la pesadilla

Durante los casi dos años que duró el proceso, Jovany acudió cuatro veces a la corte de inmigración siempre con el temor de que el juez decidiera ejecutar su deportación, pero su abogada, Isabel Barbarín encontró una salida ante el riesgo de perder el caso en los tribunales.

“En mi opinión la mejor opción para mantener a este precioso niño con su padre era pedir al gobierno el cierre administrativo de su caso”, dijo Barbarín.

La abogada explicó que dicho beneficio es una discreción que tienen de las autoridades de inmigración para decidir la suspensión de la deportación de una persona por diversas razones, entre ellas  que no es un criminal, que ha estado en el país mucho tiempo o porque tiene familiares que son ciudadanos estadounidenses.

“Yo sentí que el caso de Jovany satisfacía todas esas razones y le pedí al gobierno que no siga adelante con este caso, pero la primera respuesta fue no, contó la abogada.

“Ellos típicamente no te dan una razón, entonces no sabíamos por qué dijeron que no ya que Jovany es una persona maravillosa que ha estado aquí por mucho tiempo, es muy responsable, es una alguien respetable dentro de la comunidad y tiene un precioso niño que depende de él”
Barbarín continuó reuniendo pruebas para seguir insistiendo en su pedido y en esas pesquisas pensó que quizás el arresto de 2011 podía ser una razón.

“Aunque los cargos fueron descartados, quizás el gobierno aún estaba preocupado porque él fue arrestado. Entonces fui a la corte de Wake, obtuve su expediente, revisé que no había nada ahí y se los llevé. Después de eso ellos (las autoridades de inmigración) dijeron que sí”, contó Barbarín.

“Cuando recibimos el mensaje de que su caso fue aprobado para un cierre administrativo, fue un momento de lágrimas de alegría”, agregó la abogada quien confesó que el caso la tocó de manera muy personal.

“Recé mucho mucho por Jovany y Jordivani”, comentó. “Este es un caso de un padre y un hijo que no podían ser separados por circunstancias personales. Cuando  los conoces puedes ver la unión y el amor que hay entre ellos, por todo eso fue un caso que me preocupó mucho”, añadió.

Un futuro sin miedo
Jovany ahora ve el futuro con esperanza. Podrá cuidar y educar a su hijo sin temor a ser deportado, aunque le entristece saber que no podrá viajar más a México.

“Hace diez años que no veo a mi familia, me gustaría que conocieran al niño pero ya es bastante poder quedarme y educar a mi hjo y no tener en la cabeza que me van a deportar”, dijo el mexicano.

Jovany  aún se aferra a la esperanza de que una reforma migratoria le permita ser ciudadano del país al que llegó a los 17 años, en 1999, para trabajar y sacar adelante a sus tres hermanos menores y su madre, quienes vivían en la pobreza tras perder todos sus bienes en el terremoto de 1985 .

“Con esto aprendí que el tiempo va poniendo las cosas en su lugar”, comentó.