Imagen de Archivo del presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos Jr.
EFE/EPA/EZRA ACAYAN / POOL

Manila , 5 oct (EFE).- El Gobierno de Ferdinand Marcos Jr. consolida su acercamiento a EEUU sin descuidar las relaciones con su “principal socio”, China, en un juego de funambulismo diplomático que aprovecha la posición estratégica clave de Filipinas en el Indopacífico y la bipolaridad del tablero geopolítico global.

El enfoque de Marcos es sencillo en la teoría, pero no tanto en la práctica: “Sabe que obtendrá beneficios de fortalecer relaciones con EEUU, especialmente ahora que la economía americana parece estar creciendo más que la china”, dice a Efe el académico Dean de la Paz.

“Pero, a largo plazo, es un balance frágil, y dependerá de lo que vaya ocurriendo en China y de cómo Pekín actúe en el corto plazo”, añade.

Investido presidente el pasado 30 de junio, Marcos Jr. parece no querer perder el tiempo para redirigir el enfoque de la política exterior filipina, después de que su predecesor, Rodrigo Duterte, comenzara su mandato alardeando de un distanciamiento con Estados Unidos en pos de un acercamiento a China.

Duterte llegó incluso a fulminar temporalmente un acuerdo que permitía a EEUU mantener presencia militar en el archipiélago, lo que no fue bien recibido en Filipinas.

Por el contrario, con Marcos Jr. a los mandos ya se han producido varias reuniones de alto nivel con EEUU. El pasado jueves, el secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, y su homólogo filipino, Jose Faustino, se reunieron en Hawái para “actualizar y ejercitar” el pacto de defensa mutuo, lo que Faustino consideró “imperativo”.

Por su parte, Austin subrayó que “al profundizar en nuestra cooperación y modernizar nuestra alianza, podremos ayudar a Filipinas a asegurar su futuro y abordar los desafíos en la región”.

Asimismo, Marcos Jr. concluyó el 24 de septiembre un viaje por EEUU, durante el que abrió la sesión de Wall Street y mantuvo una reunión bilateral con el presidente estadounidense, Joe Biden, en la que quiso enfatizar que Filipinas considera a EEUU como un “amigo y socio”. EQUILIBRIO DELICADO En paralelo, Marcos Jr. trata de mimar sus relaciones con el gigante asiático, a pesar de que China, según los expertos, ya ha dado alguna muestra de su incomodidad con el acercamiento de EEUU y Filipinas.

Hace dos semanas, el embajador de China en Filipinas, Huang Xilian, advirtió de que esperaba unas relaciones bilaterales con su vecino asiático “sin injerencias”, en velada referencia a EE.UU.

En su intento por mantener una complicada equidistancia entre ambas superpotencias, Marcos Jr. llamó a China “su aliado más fuerte” tras arrasar en las elecciones de mayo, enfatizando la ayuda prestada por Pekín a Manila durante la pandemia.

“China buscará asegurar que sus intereses estén protegidos” por el nuevo gobierno de Marcos Jr, explica a Efe el investigador superior de la Universidad de Ateneo, Julio Amador III.

EL ESCOLLO DEL CONFLICTO TERRITORIAL

Sin embargo, hay un asunto que puede tensar las relaciones con China: la disputa que ambos países mantienen por la soberanía de varias islas y atolones en las aguas cercanas al litoral filipino del mar de China Meridional, que Pekín considera suyas por “razones históricas”.

En su discurso inaugural, Marcos Jr. recalcó su determinación en “no ceder ni un centímetro de territorio filipino” a ninguna potencia extranjera. AYUDA DE ESTADOS UNIDOS

Fue precisamente este conflicto una de las razones que hicieron a Duterte recular en su anunciado alejamiento de EEUU., recuperando el acuerdo que permitía presencia militar estadounidense en Filipinas, tras varias encuestas que mostraban el apoyo de los filipinos a Washington y su recelo hacia el gigante asiático.

“El reequilibrio de las relaciones entre Filipinas y EEUU debía ocurrir por la resiliencia de la asociación entre ambos, el contexto global en 2022, y por las obvias pérdidas en las que Filipinas incurriría si se distanciara completamente de EEUU”, dice a Efe el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Filipinas, Enrico Gloria.

“Además, la opinión pública filipina siempre se ha mostrado parcial con EEUU”, añade.

En esta línea, durante la visita a Filipinas el pasado mes de agosto del secretario de Estado de EEUU, Anthony Blinken, el ministro de Asuntos Exteriores filipino, Eric Manalo, dijo en la rueda de prensa posterior no descartar recibir asesoramiento militar de EEUU para tratar de minimizar el acoso de buques chinos.

Un arriesgado juego diplomático que Marcos Jr. quiso explicar con sencillez durante su discurso ante la ONU en Nueva York el pasado 21 de septiembre.

“Filipinas pretende ser amigo de todos, y enemigo de nadie”, subrayó, anticipando la equidistancia con la que pretende relacionarse con las dos superpotencias.

“Es una política exterior peligrosa. Durante la campaña electoral, Marcos Jr. parecía ir muy en línea con la política exterior de Duterte, por lo que las expectativas de Pekín eran grandes. Ahora los chinos deben estar preocupados”, zanja De la Paz.

Federico Segarra

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