Miami (EE.UU.), 17 dic (EFE).- La reanudación de los lazos diplomáticos entre EE.UU. y Cuba no solo no se ha traducido en una mejora de la calidad de vida de los cubanos en la isla, sino que la represión “se ha recrudecido sustancialmente” con un régimen “envalentonado”, según representantes del exilio cubano en Miami.

Esto aseguraron prestigiosos académicos y líderes de organizaciones del exilio cubano al cumplirse hoy un año del anuncio histórico del presidente estadounidense, Barack Obama, y de su homólogo cubano, Raúl Castro, de iniciar un proceso para restablecer las relaciones diplomáticas.

El economista Jorge Salazar-Carrillo afirmó a Efe que “todo en Cuba va mal, menos el turismo” y este sector, aún así, “deja muy poco, porque el 80 % de lo que los visitantes consumen en la isla tiene que ser importado”.

El escritor, ensayista y periodista Carlos Alberto Montaner fue también demoledor en su apreciación de este año de deshielo: “Si Obama pretendía que la política de ‘engagement’ sirviera para acelerar la llegada de la democracia, ha supuesto exactamente lo opuesto”.

“La represión se ha recrudecido sustancialmente. Hay más arrestos, más palizas, más actos de repudio” contra los disidentes, aseguró Montaner (La Habana, 1943), para quien la estrategia de Castro, tras el “abrazo” estadounidense, consiste en redoblar la persecución de la disidencia “reafirmando los rasgos estalinistas de la dictadura” cubana.

En opinión del director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS) de la Universidad de Miami (UM), Jaime Suchlicki, a Castro le preocupa sobre todo que el proceso de normalización de relaciones bilaterales “subvierta el sistema”.

Para evitarlo, la fórmula aplicada por el líder cubano es el incremento de la represión y la vigilancia de la población y los disidentes, apuntó.

Sobre un posible viaje de Obama a la isla en 2016 en el que se incluiría su reunión con disidentes, el académico fue muy escéptico: “No creo que Raúl Castro quiera que un presidente negro, con la situación que tiene en la isla, visite Cuba. Puede agitar la disidencia, llena de dirigentes negros”.

En este contexto racial, precisó que los pasos dados por EE.UU. desde el pasado 17 de diciembre han generado, sin duda, un mayor flujo de divisas de Estados Unidos hacia la isla, pero procedentes de “familias blancas para familias blancas”.

Esta anomalía supone el aumento de la marginalidad de la comunidad negra y su natural “resentimiento”, lo que puede convertirse en una situación explosiva, agregó.

Así, el descontento de la población, apuntó Salazar-Carrillo, no hace más que agravarse con la “grave situación económica del país”, que sufre un “declive enorme de los precios del níquel, el cobalto y los precios del petróleo”, a la que hay que sumar la insostenible deuda, estimada en unos 70.000 millones de dólares.

Hay que sumar también el estado de absoluto deterioro del campo, “echado a perder, yermo, sin producción en un 70 % ni fertilidad”, resaltó Salazar-Carrillo, profesor titular de Economía de la Universidad de Miami y que acaba de publicar “From Economic Take-Off to Collapse under Castro”, un estudio crítico del desarrollo de la economía cubana bajo el régimen comunista.

El Movimiento Democracia, presidido por Ramón Saúl Sánchez, fue uno de los grupos del exilio que más abogó por la reanudación de las relaciones diplomáticas entre ambos países, pero un año después, la sensación es de desengaño.

“Abogamos entonces por una política de EE.UU. más abierta hacia Cuba, pero, desafortunadamente, el régimen de los Castro sí se ha abierto a sus enemigos jurados pero ha sido implacable con su propio pueblo”, indicó Sánchez.

Consideró que, “en términos de empoderamiento económico y derechos civiles”, la “nueva visión política no ha arrojado resultados positivos” para la mayor calidad de vida y libertades de los cubanos.

Esta sensación de parálisis en la isla, tras el optimismo con que los cubanos recibieron el inicio del deshielo, es un factor clave para entender la nueva oleada de refugiados hacia Estados Unidos, que creció en un 80 % en 2015.

Gravita sobre este nuevo éxodo otro elemento decisivo: el temor a que el deshielo entre Washington y La Habana ponga fin, en cualquier momento, a las ventajas migratorias de los cubanos en cuanto tocan territorio estadounidense, a pesar de los continuos desmentidos de la Administración de Obama.

Este año fiscal se contabilizaron más de 43.000 cubanos que llegaron a territorio estadounidense, ya sea por mar, con la llegada de nutridos grupos de balseros a la costa de Florida, a través de la frontera estadounidense con México o en vuelos comerciales.

El “acercamiento y reconocimiento diplomático lo que ha tenido es un efecto contrario: ha envalentonado al régimen, a la dictadura”, aseguró a Efe, por su parte, Orlando Gutiérrez, director del Directorio Democrático.

Gutiérrez hizo hincapié también en que se trata de un año “muy negativo para los derechos humanos en la isla, con unos 8.000 arrestos políticos” y “golpizas brutales en la calle”.

“El fracaso de la política de Obama hacia Cuba es evidente”, opinó el activista cubano, para referirse a continuación al “estado de perplejidad” de Obama ante la falta de resultados de sus políticas como punto de inflexión para programar un viaje a la isla.

“Saben (el Gobierno de EE.UU.) que no han obtenido ningún resultado en el campo de los derechos humanos y están tratando de salvar la política sentando a los disidentes en la mesa”.