Washington, 4 feb (EFE).- Sonriente y levantando ocasionalmente las cejas, el empresario del sector farmacéutico Martin Shkreli, acusado de fraude en Nueva York, se negó hoy a responder preguntas ante un comité legislativo que investiga prácticas irregulares.

Shkreli, de 32 años, ha sido identificado como uno de los responsables de elevar los precios de medicamentos tras hacerse con el control de las empresas que los fabricaban, unas prácticas con pocos escrúpulos que han generado fuertes críticas en EE.UU.

Uno de esos fármacos, Daraprim, usado para el tratamiento de los enfermos de sida, pasó de costar 13,5 dólares a 750 cuando la empresa de Shkreli compró los derechos para fabricar el fármaco.

Fue detenido en Nueva York el 17 de diciembre pasado, acusado de varios cargos de fraude, ya que, como gestor de fondos, dio información falsa a personas que intentaba atraer para invertir en sus negocios.

El empresario compareció hoy ante un comité de la Cámara de Representantes que supervisa reformas gubernamentales, pero, pese a la insistencia de los legisladores, se negó a responder a sus preguntas.

Shkreli invocó la quinta enmienda de la Constitución, que protege el derecho contra declaraciones que puedan ser incriminatorias, y cuando se le dijo que eso podría tener consecuencias legales, argumentó que esa era la decisión que le había recomendado su abogado.

Pero durante el diálogo, que se prolongó cerca de media hora, con una respuesta parecida de Shkreli a todo lo que le planteaban, el empresario mostró casi todo el tiempo una sonrisa en su rostro, y en algún momento mostró señales de hastío sobre lo que oía.

Una vez salió de la corte, en medio del acoso de los periodistas, Shkreli no ofreció declaraciones, pero su abogado, Benjamin Granfman, dijo que la intención del empresario no era la de faltar al respeto a los legisladores.

Atribuyó la sonrisa que mantuvo durante la audiencia a la “energía nerviosa” que representaba para él ese acto.

Pero Shkreli no pareció coincidir con ese criterio, porque dejó clara su impresión sobre la audiencia legislativa en un tuit: “Difícil de aceptar que estos imbéciles representan al pueblo”.

Los legisladores que intentaron sacar alguna declaración suya insistieron en las prácticas sin compasión para la vida humana de las firmas farmacéuticas como la que él dirigió, aunque admitieron su derecho a ampararse en la quinta enmienda constitucional.

Pero también señalaron su malestar por su actitud, como el republicano John Duncan, que dijo que en su larga carrera como congresista “nunca había visto un individuo con una actitud tan arrogante”.

“No creo que haya visto el comité que sea tratado por alguien con semejante desprecio”, dijo, por su parte, el congresista John Mica.

Shkreli, que antes de que cayera su imperio salía ocasionalmente en los medios de comunicación por el éxito de sus negocios, es hijo de una familia de inmigrantes que llegaron a Brooklyn, Nueva York.

Creó la gestoría de fondos de inversión MSMB Capital en 2006 y en 2011 la empresa farmacéutica Retrophin.

Hace un año abandonó esa firma y fundó la compañía Turing Pharmaceuticals, que meses después adquirió los derechos del fármaco daraprim, cuyo precio tuvo una astronómica subida tras la operación.

Su abogado, al final de la audiencia legislativa de hoy, lamentó la “mala publicidad” que ha recibido Shkreli y rechazó que sea “un villano” o “un chico malo”, y no tuvo problemas en calificarlo como “un héroe”.