Washington, 18 jul (EFE).- El secretario de Defensa estadounidense, Ashton Carter, comienza este fin de semana un viaje a Israel, Arabia Saudí y Jordania con el objetivo de calmar los ánimos entre sus aliados tras el histórico acuerdo nuclear con Irán, algo que podría incluir compromisos de mayor ayuda militar.

Carter ha sido enviado por el presidente estadounidense, Barack Obama, con la complicada tarea de aplacar a los recelosos del acuerdo entre EE.UU. y otras cinco potencias internacionales con Irán para evitar el uso militar de la tecnología nuclear de los ayatolá.

“El secretario de Defensa trabajará con Israel para explorar soluciones a los más críticos desafíos, especialmente contrarrestar las actividades desestabilizadoras de Irán y prevenir ataques terroristas”, explicó el Pentágono en un comunicado previo al viaje, que se inicia mañana.

Para acercar posturas con enemigos acérrimos del acuerdo nuclear, alcanzado a comienzos de semana, Carter lleva bajo el brazo posibles aumentos de ayuda militar, algo que especialmente podría aplacar al gobierno del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, cuyo presupuesto de defensa se alimenta en una parte importante de los fondos estadounidenses.

Los más de 3.000 millones anuales de ayuda militar estadounidense a Israel han sido vitales para construir el famoso “Iron Dome” (Cúpula de Hierro), un conjunto de radares y baterías antiaéreas que han conseguido interceptar la gran mayoría de cohetes potencialmente mortales lanzados por Hamás desde la franja de Gaza.

Pero Israel lleva años pidiendo a Estados Unidos que aumente su aportación militar con un compromiso que ronde los 4.000 millones de dólares anuales y ésta podría ser la oportunidad ideal, vista la predisposición de la Casa Blanca.

Además, para tranquilizar a los “halcones” israelíes y estadounidenses ante un Irán liberado de las sanciones económicas, Estados Unidos podría acelerar el proceso para vender bombas anti-búnker y ampliar el compromiso de venta de cazas invisibles a los radares F-35 a Israel.

El martes, Obama llamó a Netanyahu para ofrecerle ayuda militar “ofensiva y defensiva”, pero, según fuentes del gobierno estadounidense que hablaron con el diario israelí Haaretz, el primer ministro no ofreció respuesta por el momento.

Tanto Netanyahu como el mayor grupo de presión israelí en EE.UU., el AIPAC, están aún trabajando públicamente y en privado para que en los próximos dos meses el Congreso obtenga la mayoría de dos tercios necesarias para frenar el acuerdo con Irán, algo que parece poco probable a no ser que se dé una rebelión demócrata.

Hasta que no se agote esa última vía es de esperar que Israel siga subrayando el “error histórico” -como lo calificó Netanyahu- del acuerdo, que hace temer a Israel de un Irán más influyente en Oriente Medio y con el suficiente alivio económico para fortalecer alianzas como la de la milicia libanesa chiíta de Hizbulá.

El ministro de Exteriores británico, Philip Hammond, que visitó el miércoles Israel recomendó en una incómoda rueda de prensa junto con Netanyahu que Israel “se implique de una manera pragmática en la nueva realidad sobre el terreno en Oriente Medio para beneficio de todos”.

El que sí parece haber adoptado un papel “pragmático” es Arabia Saudí, la potencia regional suní opuesta a un emergente Irán como contrapunto chiíta.

Tras reunirse este viernes con Obama, el ministro de Exteriores saudí, Ader al Jubeir, dio la bienvenida al acuerdo con Irán, que limita significativamente la producción atómica iraní, pero no obliga a la clausura de instalaciones nucleares, pese a que en privado el país árabe recela de un Irán abierto al exterior.

Carter se reunirá en Yeda (Arabia Saudí) con funcionarios saudíes, con los que tratará el tema iraní, incluido el papel de Irán en el conflicto yemení, donde apoya a los rebelde hutíes, que están siendo bombardeados desde el aire por una coalición liderada por Riad.

Según dijo el viernes en rueda de prensa el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, el gobierno estadounidense quiere dejar claro a sus aliados en la región que el acuerdo nuclear no cambia su desconfianzas hacia Irán y sus actividades regionales ni modificará su compromiso militar con aliados tradicionales.

“No hay escenario donde Irán sea mayor amenaza que aquel en el que Teherán disponga de armas nucleares…nada envalentonaría más a Irán que una bomba nuclear”, sentenció Earnest.