Toulouse (Francia), 7 oct (EFE).- Cuando el sol, la tierra y la luna se alinean, en Galicia se dice que hay “Sicixia”, una revolución astronómica que agita los océanos y provoca las mareas vivas; una sonora palabra que el director gallego Ignacio Vilar ha dado a su sexto largometraje, con el que compite en Cinespaña.

“Los misterios que cambian la naturaleza afectan también a las personas, que somos un 80% de agua. Yo quería mirar cómo sucedía eso”, explica a Efe el director orensano, que recibió un gran aplauso tras la proyección de “Sicixia” en la sala grande de la Cinematheque, el centro neurálgico del Festival de Cine español de Toulouse, Cinespaña.

La película, rodada sin guion durante los meses de invierno de 2015 en diversas localidades de la Costa da Morte, tanto en los montes y pueblos, como dentro de las aguas del mar, es una suerte de documental ficcionado donde actores profesionales de la zona comparten escena con auténticos vecinos.

Así, “Sicixia” comienza con un reportaje de la fiesta “A Rapa das Bestas”, cámara en mano, como toda la película, realizado casi encima de los caballos a los que los hombres de Sabucedo cortan las crines y la cola, en una tradición que viene del siglo XVI.

Xiao (Monti Castiñeiras) es un técnico que trabaja para el Archivo Sonoro de la Xunta de Galicia, un hombre desencantado de lo que le ofrece la sociedad que disfruta enormemente haciendo su trabajo: metiendo su micrófono en medio de las conversaciones, al lado de las cuevas, sobre las olas del mar o a ras de tierra, entre los bichos.

Olalla (Marta Lado) es una joven que vive de sacar del mar algas que luego se enlatan como verdura del mar; conoce la zona como la palma de su mano y se ofrece para mostrar al técnico los lugares más recónditos de la Costa da Morte. Su matrimonio es aburrido y pronto surge entre ambos una atracción sexual y sensual.

Con esta historia básica, Vilar mete al espectador en una cascada de lenguajes, tan variados los dialectos como núcleos de población encuentra Xiao, una obsesión que el director guarda desde que, a los veinte años, recorrió a pie la Costa da Morte y se le quedaron grabados los sonidos, “y las palabras que cambiaban como sopladas por el viento”.

“Fue un rodaje muy duro. Y trabajar sin guion, también”, comenta a Efe Castiñeiras, que confiesa que hubo muchos ratos de pasar “auténtico miedo físico”, porque “la Costa da Morte tiene unos lugares muy bellos, pero los más bellos son los de más difícil acceso”.

La cinta ha sido rodada con tecnología digital, explica el director, “porque la técnica tiene que estar al servicio de lo que quieres contar, y esto en 35 milímetros no podía ser, necesitaba además un punto de vista narrativo que me permitiera expresar lo que yo quería”.

“El cine es para mí uno de los medios expresivos más interesantes para llegar a sentir, y esta caja oscura -la sala de cine- el mejor modo de ayudar a los sentidos”, asegura.

Vilar ya convenció al jurado de Cinespaña el año pasado con “A esmorga”, otra historia muy gallega basada en el libro de Eduardo Blanco Amor “La parranda”, donde se llevó los premios al mejor director, director de fotografía y a mejor actor, compartido por los tres protagonistas, Karra Elejalde, Miguel de Lira y Antonio Durán.

Ahora intentará reeditar ese éxito con una película “dirigida a los sentidos, a las emociones. Para dejar la mente volar”.

Este año, la “Sicixia” de Vilar compite con “Callback”, de Carles Torras; “El pastor”, de Jonathan Cenzual; “La reconquista”, de Jonás Trueba”; “La adopción”, de Daniela Fejerman, y “La propera pell”, de Isaki Lacuesta e Isa Campo.