París, 15 dic (EFE).- “El clan” “ha servido para que la sociedad argentina condene por fin” a la familia Puccio, cuya historia se narra en la cinta, asegura su director, Pablo Trapero, que promociona en Francia una película recién nominada al Goya y que representa a Argentina en los Óscar.

‘El clan Puccio’ es conocido en la cultura popular argentina casi como una leyenda: se publicó el caso en la prensa y se conocen los hechos acontecidos, pero aún se seguía defendiendo la inocencia de muchos miembros de la familia, como la del hijo Alejandro, toda una estrella del rugby nacional, aseguró hoy a Efe el cineasta.

“Alejandro recibía, antes de su fallecimiento en 2008, visitas en la cárcel por parte de sus compañeros de equipo, su abogado era el padre de uno de ellos y la sociedad no quería pensar que el ídolo deportivo tuviese algo que ver con lo sucedido”, apuntó Trapero.

“El clan” narra la vida de la familia de Arquímedes Puccio, en el contexto de la transición argentina, cuando altos cargos de la dictadura quedaban sin trabajo en el tránsito a la democracia.

Esa “mano de obra desocupada”, como se conocía a estos antiguos dirigentes, llevó a cabo prácticas ilegales para asegurarse ingresos económicos de por vida.

Es el caso de la familia Puccio, comandada por el patriarca, que secuestró y asesinó a tres personas adineradas de la Argentina de la época, lo que les llevó a todos ellos a ser arrestados durante el cuarto secuestro.

En “El clan”, Trapero trata de mostrar la vida cotidiana de la familia, las relaciones con sus hijos, especialmente Alejandro, pero también Guillermo, el hermano que huye del clan y decide escapar del destino familiar.

El proceso documental fue largo e intenso según Trapero: pidió información a investigadores y jueces del caso; buscó en la prensa y entrevistó al entorno más cercano de la familia, amigos, conocidos y vecinos del barrio, “porque los protagonistas que quedan vivos no quisieron participar”, señaló.

Creada con gran ritmo y dinamismo y jugando con la ironía y el surrealismo, que el director atribuye al influjo de Luis Buñuel, la cinta marca un punto de inflexión en el arquetipo de películas sobre secuestros y una nueva forma de contar esas historias.

“La música también es importante, utilizamos canciones que sonaban en la época en la radio junto con temas de pop-rock fuertes”, que en el film “tapan los gritos de los secuestrados, y en ocasiones, música de tensión acorde con el momento”, explicó Trapero.

El director, con largometrajes muy reconocidos a sus espaldas como “Mundo grúa” o “Leonera”, se adentró en esta película en un caso verídico, con nombres y apellidos reales, un género que tenía ganas de abordar desde siempre, según reconoció.

“Hay muchas películas argentinas sobre la dictadura y muy pocas basadas en la época de la transición a la democracia, es algo que me apetecía hacer”, resaltó.

El filme sirve también para dar a conocer la historia a los más jóvenes que no vivieron esa época: “Yo era adolescente cuando se produjo el cambio a la democracia, es importante recordar ese contexto (…) la sociedad debe mirar la realidad de frente y conocerla”, subrayó.

Trapero aseguró que se inspira en directores de distintos géneros para elaborar sus obras, desde el “grotesco mundo de Federico Fellini con las familias disfuncionales que recrea”, pasando por Quentin Tarantino, “donde la violencia se vuelve cotidiana”, hasta Roman Polanski, con sus “atmósferas de terror casi sobrenaturales”.

La película, coproducida por El Deseo de los hermanos Almodóvar, recibió el León de Plata al mejor director en el pasado Festival de Venecia.