Londres, 20 nov (EFE).- “Espero morir antes de hacerme viejo”, cantó el joven vocalista de la banda “The Who” en 1965. Medio siglo más tarde, la estrella del rock británica Roger Daltrey continúa subido a un escenario. Y no parece tener ninguna prisa por querer bajarse.

“Cuando estoy en el escenario todo sigue igual. Cierro los ojos y sigo teniendo veintiún años”, relató entre carcajadas durante una entrevista con Efe en Londres.

A sus setenta y cinco años, Daltrey sigue encarnando esa vitalidad y esa rebeldía tan característica que alzó a ‘The Who’ al pináculo del estrellato musical a finales de los años sesenta.

“Se trata de la energía de la música, no tiene nada que ver con nuestra apariencia. No me importa si estoy en una silla de ruedas o con tacataca, seguiré cantando siempre que pueda hacerlo con la energía y la pasión que merecen nuestras canciones”, explicó.

“El rock and roll es música para hacer el amor, la música de ‘The Who’ es para luchar. Si la lucha para, me retiro”, aseguró con vehemencia.

Por suerte, la lucha no ha hecho más que comenzar. Tras un paréntesis de trece años, los dos supervivientes del cuarteto original, Roger Daltrey y el guitarrista y compositor Pete Townshend, regresan con un nuevo álbum que evoca la esencia primitiva de la banda.

“Esperamos tanto tiempo porque nunca creímos que sacaríamos otro disco. La gente se queda anclada en los viejos éxitos, ansía la nostalgia, busca que algo le recuerde a su pasado. Este álbum es la mezcla perfecta”, remarcó el cantante.

Grabado entre Londres y Los Ángeles durante la primavera y verano de este año y co-producido por Pete Townshend y el compositor estadounidense D. Sardy, el álbum integra un repertorio de once temas titulado ´WHO´. Sin más.

“¿Para qué tratar de ser ingeniosos a estas alturas?”, ironizó el cantante.

Agrupadas en una atractiva fusión entre la agresividad del rock de la vieja escuela y unos ritmos más mansos, las canciones, que carecen de una temática en común, “hablan de todo un poco”.

Desde el incendio de la Grenfell Tower, la reencarnación, el poder de la memoria y la historia de cómo una vieja estrella del rock ha perdido los estribos, las letras de Townshend han dado vida, según valoró el cantante, “al mejor álbum desde ‘Quadrophenia’ (1979)”.

Sin embargó, Daltrey reconoció que al principio se mostró “muy escéptico” con la idea.

“Cuando Pete me enseñó las canciones me parecieron geniales, pero parecía su álbum solista, no un álbum de ‘The Who’, reconoció el cantante.

Tras el ahínco de Pete y después de modificar algunas letras, el ‘frontman’ de la banda logró sentirse “cómodo” con las melodías y decidió embarcarse de lleno en el proyecto.

“Rara vez escucho algo después de que lo hayamos grabado, con este álbum he hecho una excepción. Si íbamos a sacar un disco a estas alturas de nuestra carrera, tenía que ser realmente bueno. Y este lo es”, aseguró con orgullo.

“Cuando empezamos, robábamos estilos de todas las bandas”, confesó Daltrey, “pero pronto nos dimos cuenta de que teníamos que desarrollar nuestra propia identidad y decidimos trasladar la agresividad de las calles a nuestras canciones”.

En plena ebullición del Londres de la posguerra, ‘The Who’ logró convertirse en “el reflejo de angustia que sentía la adolescencia de la época” y, después de seis décadas de trayectoria, ha dejado a sus espaldas uno de los legados más preciados de la historia de la música.

Con un total de más de 100 millones de discos vendidos, entre los que se incluyen nueve álbumes Top 10 en Estados Unidos y diez en el Reino Unido, ´The Who´ se ha ganado un hueco en el podio de las grandes estrellas del rock.

Pero llegar hasta la cima no fue un camino de rosas, recordó Daltrey.

“Estábamos inventando una industria que generaba miles de millones de libras y dejamos que nos robaran a diestro y siniestro. La gente ganaba millones con nosotros y, mientras, nosotros seguíamos siendo pobres”, lamentó el cantante.

Esta nueva industria multimillonaria dio fruto a un tentador cóctel de dinero, droga y desenfreno que acabó con la vida de dos miembros del grupo, el bajista John Entwistle y el batería Keith Moon.

Mantener la cordura ante semejante bullicio parecía una locura. Incluso Daltrey, el más “sensato” del cuarteto, cayó en las trampas del exceso y acabó “adicto a las pastillas para dormir”.

Pero Roger Daltrey es más que una estrella de rock.

“Cuando me bajo del escenario ya no vivo ese estilo de vida ‘rockstar’, soy una especie de granjero,” admitió jocoso.

Desde traer salmones de vuelta al río Támesis, hasta ayudar a construir hospitales para adolescentes con cáncer, el artista lleva años embarcado en una incansable búsqueda por “enriquecer” su existencia.

“No quiero malgastar ni un solo momento de mi vida, aún me siento joven”, concluyó con el entusiasmo latente de un veinteañero.

Claudia Böesser

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