Pekín, 8 oct (EFE).- La violinista estadounidense de origen coreano Maureen Choi, que estos días concluye su primera gira por Asia, escuchaba de pequeña a su padre tocar a la guitarra clásica temas de Falla, Granados o Albéniz y desde entonces se quedó fascinada por la música española.

Hace siete años se fue a vivir a España con su marido, el contrabajista madrileño Mario Carrillo, y allí montó un cuarteto junto a él, el pianista salmantino Daniel García Diego y el batería cubano Michael Oliveira.

Desde entonces ha ido cosechando el reconocimiento del público con sus singulares composiciones en las que fusiona el jazz, la música de cámara, el flamenco o la música latina, con una influencia cada vez mayor de los ritmos hispanos y con un gran espacio para la improvisación.

«Mi padre tocaba guitarra clásica, siempre escuchaba todo de él pero las piezas de música española me gustaban mucho, algo entró en mi del sonido, del sabor, de las melodías con los colores de España», dice Choi, que llegó a Pekín patrocinada por el Instituto Cervantes como embajadora musical de la cultura española.

Con una madre cantante de ópera y un padre guitarrista clásico, en su casa de Michigan había música puesta las 24 horas, lo que le llevó a interesarse desde muy pequeña por el violín, con el que empezó a ganar premios internacionales con apenas 5 años.

«Mis amigos en España dicen que fui latina en mi vida anterior, que tengo un carácter muy latino. Yo toco como soy y no pienso nada más, quiero ser honesta y la música que sale de mi corazón es así, no sé por qué», explica sobre la cada vez mayor presencia de los tonos hispanos en sus composiciones e improvisaciones.

Comenzó en orquestas de música clásica pero enseguida se dio cuenta de que lo que más le gustaba era el jazz, especialmente cuando entró en contacto con el prestigioso bajista Rodney Whitaker, que dirigía la escuela de jazz de la Universidad de Michigan.

«En Estados Unidos es mucho más fácil mezclar culturas, tengo muchos amigos de muchos países diferentes, todo el mundo vive allí», explica la interprete, que ha volcado también en sus temas su pasión por la danza: «Ahora estoy mezclando también con el violín los ritmos que me encantan para bailar».

En Pekín, su cuarteto ofreció dos conciertos en el majestuoso «The Temple», un templo budista de la dinastía Qing (1644-1911) recientemente renovado, con unas paredes de madera cuya magnífica acústica hizo las delicias del público y de los músicos.

«El público chino es muy diferente del de España pero nos está acogiendo muy bien», comenta la violinista sobre el interés que mostró la gente en los conciertos de Shanghái y Pekín.

En una gira que le ha llevado también a Taiwán y Corea, el cuarteto presenta su nuevo disco «Theia» que, en sus palabras, «tiene mucho más que ver con España» que el anterior «Ida y vuelta» que se inspiraba más en la música latina.

«Entre mi segundo disco y este han pasado un montón de cosas y en estos cuatro años aprendí muchas cosas que de alguna manera cambiaron el sonido de mi música», explica Choi, que lleva 7 años viviendo en España.

En este álbum se pueden escuchar prodigiosas reinterpretaciones de piezas muy conocidas como la «Danza ritual del fuego» de Manuel de Falla o de temas de Paco de Lucía pero también varias composiciones de Choi relacionadas con sus experiencias personales, como la de un aborto que sufrió recientemente.

«Theia es un disco muy personal para mí, hay mucho de mi vida, mis experiencias han influido mucho en mi música. Hay dolor pero también belleza, oscuridad y luz, muchos extremos se reflejan en él», apunta.

Durante esta gira, Choi actuará por primera vez en Corea, el país de sus padres y su familia, un lugar que reconoce «tiene mucho que ver» con su carácter, aunque desconoce hasta qué punto le ha marcado musicalmente.

Allí tocará en la «II Conferencia Global sobre Inversión Privada contra el Cambio Climático» de Incheon y en el Festival Internacional de Jazz de Jarasum.

«Solo he ido dos o tres veces a Corea y nunca he tocado, además no conozco a mis primos y a mi familia que vive allí, tengo muchas ganas», dice la artista.

Aunque reconoce que no conoce mucho de la música asiática, asegura que quiere seguir aprendiendo de diferentes culturas para poder en el futuro incorporar más influencias a sus composiciones.

Javier García

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