Ámsterdam, 19 feb (EFE).- A falta de una cámara digital con la que sacarse decenas de fotos hasta lograr la correcta, los pintores del siglo XIX optaban por autorretratarse y reflejar en sus cuadros el complejo proceso de construcción de su imagen e identidad, “fotos” que se exponen a partir de este miércoles en el Museo Van Gogh de Ámsterdam.

Los 77 retratos y autorretratos que se presentan en la pinacoteca holandesa no dejan títere con cabeza, y van desde aquellos pincelados por el noruego Edvard Munch, la neerlandesa Thérèse Schwartze o los franceses Gustave Courbet y Paula Gauguin, hasta los curiosos “selfies” que se hizo la finlandesa Helene Schjerfbeck.

La clave está en la espontaneidad que reflejan estos retratos, expresando una interesante sensación de intimidad y autenticidad y reflejando el interior del retratado, más que capturando una imagen fiel de su rostro, algo que hizo que las fotos, por aquel entonces una revolución tecnológica, perdieran popularidad y estilo.

Los retratos llegaban donde la fotografía no podía. En su autorretrato como pintor, Van Gogh se presentaba como un artista completamente moderno, con ropas elegantes, a la última moda y con colores vivos, una manera que, según la comisaría del museo homónimo, Nienke Bakker, ofrecía al artista la oportunidad perfecta para mostrarse y crear nuevas opiniones sobre su estilo de vida.

Con esto, sacó a la luz varias de sus facetas, incluida la del bohemio amante de la libertad y el pintor de la sociedad establecida, pero también la del artista vulnerable a la vez que fuerte, el hombre angustiado que contemplaba su sufrimiento en sus propios cuadros.

“Un retrato no necesita ser una imagen fiel de una persona. Está teatralizado por el artista, que ha pensado detenidamente en cómo quiere presentarse a sí mismo. Al hacerlo, constantemente busca un equilibrio entre enmascarar y revelar, seducir y desviar, confirmar y sorprender”, explica.

Esta exposición titulada “En la imagen: retratando al artista”, que estará abierta al público desde este viernes hasta el 24 de mayo, es la primera del Van Gogh de Ámsterdam que se centra únicamente en este género de los autorretratos elaborados entre 1850 y 1920.

Para esta “exploración multifacética del papel y la importancia del retrato del artista”, se une una amplia selección de nombres y caras nuevas, artistas modernos y contemporáneos, pero también numerosas piezas de Van Gogh, incluido el famoso “Autorretrato con oreja vendada” (1889), prestado por la Galería Courtauld de Londres, y el “Autorretrato” (1889), propiedad del Museo Nacional de Oslo.

También está Courbet, quien cultivó una imagen artística como ninguna otra, una identidad propia en la que influyeron escuelas belgas, italianas y holandesas, imagen representada en 20 autorretratos hechos por su propia mano a lo largo de su vida, en los que se presenta como el hombre desesperado y el amante romántico.

En “Un hombre con la pipa” (1846), el pintor realista decidió mostrar su verdadero “yo” al público: despeinado, con una pipa apoyada en la boca y una expresión facial contrariada, impresionada o hasta asustada, reflejando al hombre que vivió según sus propias normas, desafiando a la autoridad y al sistema, un activista republicano.

No tan distinto de los años que corren, en los que la foto de perfil es la tarjeta de presentación, durante el siglo XIX, creció el interés por el retrato como género artístico, sobre todo si quien estaba representado era la persona detrás de la obra de arte, el artista, el genio inspirado mientras se mira a sí mismo en el espejo.

Los pintores creaban entonces autorretratos con el objetivo de practicar sus dones, experimentar con nuevos estilos e ideas, o para exponer y construir su propia identidad, mostrándose como les gustaría que les vieran los demás, y en ocasiones incluso se retrataron unos a otros, en un gesto de amistad.

En la escalera que conduce a las diferentes salas de exposición del museo, también se exponen otros 66 retratos fotográficos de alumnos de diferentes colegios de Ámsterdam, influidos todos por el hombre de barba roja y expresión intensa, el artista de los autorretratos, el pintor que da nombre a esta pinacoteca.

Por Imane Rachidi

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