Nueva York, 20 abr (EFE).- Antes de empezar el Festival de Tribeca, el crítico del New York Times señaló «Viaje», de la directora costarricense Paz Fábrega, como la mejor película de la competición y ahora los espectadores ya pueden ver este filme «sobre el desapego, sobre estar siempre en tránsito, sobre la vida misma».

«Salí con amigos y me quedé sin batería, llegué supertarde a la casa y cuando conecto el teléfono veo que me salen como 50 notificaciones en Facebook. No entendía nada. Era la gente que había posteado el artículo del ‘New York Times’. Fue superemocionante», dice a Efe Fábrega, para quien «Viaje» es su segunda película.

En ella, descrita por el periódico neoyorquino como «una pieza de arte», la realizadora consigue, en apenas 70 minutos, en blanco y negro y con poco más que dos actores (Fernando Bolaños y Kattia González), retratar con una transparencia, una belleza y una sencillez inusitadas las diatribas del amor contemporáneo.

No tiene el yugo de los roles tradicionales del hombre y la mujer, pero ha generado nuevos lastres.

«Sentíamos que en el cine veíamos las relaciones retratadas de una manera que no es como las vivíamos. El cine remarca mucho esos patrones de género, de una manera más de como la gente lo vive ahora», asegura la joven realizadora, que nutrió el guión con las conversaciones que mantenía con los actores sobre sus experiencias sentimentales.

«Hoy en día las cosas son más fluidas y se vive mucho en el presente, sin que las cosas se proyecten hacia nada. Hay algo de eso que hace que la gente no coloque las relaciones como un proyecto necesariamente, sino que por lo menos hay un chance de vivirlas solamente como lo que son en ese momento», explica Fábrega.

Pero la película tampoco deja de captar que «hay mucho miedo al proyectarse, a lo que pasa con esa relación cuando se proyecta y también miedo al compromiso, de fijo», añade. Un síndrome de «Peter Pan» sumado a un mundo móvil.

El filme comienza en una fiesta de disfraces, cuando Pedro, en plena borrachera, intenta ligar con Luciana. Ella primero se resiste, luego se da cuenta de que le apetece.

De ahí a la cama y de ahí a un inesperado «Viaje» por Costa Rica, en el que intentarán disfrutar sin mirar ni hacia delante ni hacia atrás, con sus ventajas y sus inconvenientes.

Y, justamente esa ligereza, no exenta de amargura, es la que ha sido señalada por los críticos como aire fresco en un festival marcado por la gravedad.

«Cada vez que se entra en una conversación un poco más seria, parece que está tratando de llevar esa relación unos años más adelante. Estos personajes tienen una resistencia a crecer en un mundo en el que sus amigos están casándose y teniendo hijos», explica Kattia González.

En «Viaje» hay algo de «Two for the Road», el clásico de la amargura sentimental de Stanley Donen; hay algo del cine de la argentina Celina Murga, aunque la directora dice que su principal referencia es el británico Mike Leigh en su ambición por contar, simplemente, «algo que pasa entre dos personas».

«No buscando nada, como una cosa de la vida de todos los días. Solo contarla bien y con mucha compasión hacia los personajes e intentando entenderlos bastante», afirma la directora.

Fábrega, que se formó como cineasta en Londres, explica cómo, durante el rodaje, quiere que las cámaras sean las que se adapten al actor y no al revés, y considera que todavía no se puede hablar de una identidad en el cine costarricense.

«Hay varias películas, pero creo que de momento cada uno lleva un camino independiente», asegura la directora, cuyo debut en el largometraje, tras rodar dos cortos, tuvo lugar en 2010 con «Agua fría de mar», que fue premiada en Rotterdam.