Madrid, 29 jun (EFE).- Daniel Alejandro Riveros Sepúlveda, Gepe en los pujantes círculos de la música alternativa latinoamericana, se ha hecho un nombre como uno de los grandes renovadores del folclor, lo que paradójicamente le ha permitido trascender los Andes y llegar a China o a Japón con una propuesta muy singular.

«Como chileno uno se acostumbra a ser exótico en todos lados; que un chileno vaya a China es más raro que un chino vaya a Chile», dice entre risas durante una charla con Efe en Madrid, ante la publicación mañana en España en formato físico de «Ciencia exacta» (Quemasucabeza).

Diez son los cortes que componen este, su sexto disco de estudio, todos surgidos de su puño y letra con la excepción de «Las flores», tema del grupo mexicano Café Tacvba, al que reconoce una influencia decisiva desde el disco «Re» (1994).

«Para los latinoamericanos ese disco fue muy radical, pues era la primera vez que un grupo hacía folclor mezclado con música alternativa o rock. Yo estudié en la escuela de Café Tacvba», dice sin dudar este ferviente admirador de Animal Collective, Beastie Boys o El Guincho, pero también de Víctor Jara.

A su compatriota lo descubrió ya «grande» por primera vez en 1999 pues, como «hijo de la dictadura», en los tiempos de Augusto Pinochet todo lo folclórico estaba prohibido y el mero hecho de tener un disco suyo en casa podía meterte en problemas.

«Cuando me dicen que rescato el folclore, yo digo que no rescato nada, lo hago porque me gusta. Quizás rescato el rock, porque eso sí lo uso más a la fuerza. Siento que estoy poniendo en una bolsita muy pequeña un espectro muy grande de música», señala este hombre que añade con sorna: «Bebo de tantas fuentes a la vez que de repente hasta me ahogo».

Su falta de prejuicios quedó de manifiesto cuando, convertido ya en un icono de la música alternativa, buscó la colaboración de la peruana Wendy Sulca, fenómeno de YouTube, para grabar una canción por la que aún hoy le siguen preguntando, «Hambre».

«Una cosa muy latinoamericana es que haya una música correcta y la incorrecta. Hacer folclore es algo muy bien visto, hacer reguetón no, e interactuar con Wendy Sulca era algo como del limbo. A mí eso me importó un queso. Me gustaba su voz, me remitía al folclor de la selva peruana», defiende.

De todos los rasgos que han hecho de la de Gepe una carrera también singular, solo la parte electrónica pierde fuelle en este nuevo álbum. «Hay un énfasis en la letra por la austeridad instrumental, que ya estaba en otros discos, pero que aquí además se abre hacia instrumentos más nobles, en cuanto se dice eso de la madera por encima del plástico», explica.

En efecto, «Ciencia exacta» se vertebra fundamentalmente sobre la guitarra y la voz, con gran presencia del ukelele y del cuatro chileno, lo que supone todo un contraste con el título escogido para bautizarlo. «Siento que la ciencia es en su última condición bastante poética. ¿Números irreales? Pura poesía», apunta el músico.