Roma, 4 jun (EFE).- Franco Azzinari, el pintor italiano que captura el viento y que quedó prendado de la belleza de Cuba, expone en Roma algunos de sus cuadros más importantes entre los que se encuentran retratos del líder cubano Fidel Castro o del escritor colombiano Gabriel García Márquez.

“Yo fui siempre un pintor de la luz, de los colores. Me gusta mucho pintar los colores en todos los lugares, pero lo que más me interesa desde niño es pintar el viento”, explicó Azzinari en una entrevista con Efe.

“En la exhibición hay obras recientes y otras más antiguas. Son sobre todo paisajes, pero también retratos de Cuba”, añadió.

El Palazzo Ferrajoli, situado en la céntrica Piazza Colonna, acoge esta retrospectiva que lleva por título “Ieri, Oggi e Domani” (“Ayer, hoy y mañana”) y que propone un recorrido por 60 de las obras más representativas de la vida de este pintor nacido en Cosenza (Calabria, sur) en marzo de 1949.

Un espacio especial en la exhibición está reservado a Cuba, un país que enamoró por completo a Azzinari desde su primer viaje en 1992 y del que se inspiró para crear “casi 200 obras”.

“Cuba es un lugar muy mágico. Fue un placer conocer Cuba. Nunca fui como turista, siempre fui para pintar. Me recordaba un poco a mi Calabria natal. La gente era muy linda, muy disponible en todo momento, conocí gente verdaderamente agradable”, reconoce.

En esta sección dedicada al país caribeño, el pintor italiano presenta paisajes y lugares que por sus colores vivos y su belleza le impresionaron notablemente, así como retratos de figuras históricas como los citados Castro o García Márquez.

Pero no solo, el público que se acerque a ver la muestra también podrá admirar magníficos retratos de Gregorio Fuentes, el pescador en el que se inspiró Ernest Hemingway para escribir “El viejo y el mar”, y del compositor cubano Compay Segundo, creador de melodías universales inolvidables como “La Negra Tomasa” o “La Guantanamera”.

Su pasión por Cuba le llevó a conocer en 2001 a Fidel Castro, con quien después mantuvo “una amistad muy fuerte”, fruto del “amor compartido por el arte”.

“Fidel Castro me dijo que alguien le había hablado de un italiano que estaba pintando todos los lugares de Cuba. Hablamos y yo le expliqué que quería hacer muchas cosas porque era un placer pintar en Cuba”, recuerda.

A Castro le regaló uno de sus cuadros, “El Flamboyán”, tal y como se puede ver en una fotografía que rememora ese momento y que está expuesta en la muestra, y le dedicó en julio de 2012 junto a Alex Castro -hijo de Fidel Castro-, en la Casa Cultural de La Habana, la exposición “El rostro de la Historia”, un homenaje por su octogésimo cumpleaños.

Además, gracias a esta relación entre ambos, el pintor italiano tuvo ocasión de conocer a García Márquez, genio “de gran inteligencia” y del que destaca su carácter “disponible y sencillo”.

Del autor de “Cien años de soledad” también se pueden ver ahora dos de los veinte retratos que el pintor italiano expuso en la Fundación Cine Latino Americano de La Habana en diciembre de 2011.

Pero además de Cuba, la exposición también presenta algunas de sus obras más significativas de series como “Los lugares del mito” con lienzos como “El Monte Athos” u otro sobre el río Alcantara en Taormina (Sicilia), y pinturas en las que se observa un afán incansable, casi una obsesión, por hacer visual y tangible el viento.

Capturar las corrientes de aire que son “capaces de transformar continuamente la naturaleza y sus colores” siempre ha sido uno de sus mayores anhelos.

En sus primeros cuadros es fácil apreciar “el viento de forma sutil”, pero su presencia “agitando el paisaje”, los campos de trigo, la hierba, los árboles y la naturaleza en general, se va haciendo cada vez más presente a medida que madura su trabajo.

Así, el viento cobra una fuerza protagonista en sus últimas obras, tanto que incluso llega a abandonar el carácter realista para presentar un arte más abstracto.

“Ver un paisaje de lejos es una cosa y verlo de cerca, otra muy distinta. A medida que te vas acercando puedes entrar en la propia naturaleza y eso es maravilloso. Me gustaría que la gente que venga se acerque tanto a los cuadros que pueda entrar en ellos y descubrir que hay otro mundo”, concluye.