Montevideo, 20 nov (EFE).- El cuento popular ruso “El pájaro de fuego” resurge de sus cenizas en Uruguay cien años después de que Igor Stravinski revisara su ‘suite’ sinfónica para evocar el poder de la música de “unirnos a todos” y recordar que los niños son “muchas veces” las principales víctimas de los conflictos.

El director español Ignacio García Vidal lleva la batuta de la Banda Sinfónica de Montevideo como maestro invitado en un concierto este miércoles para conmemorar el 30º aniversario de la Convención de los Derechos del Niño que aprobó la Asamblea General de la ONU el 20 de noviembre de 1989.

El espectáculo cuenta con la narración de la actriz española y pedagoga Ana Hernández Sanchiz y la colaboración de Unicef.

“Es una demostración de heterogeneidad y diversidad que nos recuerda cuán capaz es el arte y cuán capaz es la cultura de diluir fronteras, diferencias de edades, de culturas y de religiones para unirnos a todos”, expresa García Vidal en una conversación con Efe.

Los vientos, las cuerdas y la percusión de la banda uruguaya recrean el cuento tradicional ruso con el objetivo de que sea “una fiesta”, destaca el maestro, pero también con el trasfondo de “reflexionar acerca de la infancia”.

“Lamentablemente el mundo va perdido hacia una deriva muy peligrosa en la cual los niños y las niñas de todo el mundo son muchas veces las principales víctimas”, asevera García Vidal.

Hernández Sanchiz es la encargada de dirigir el cuento, acompañada en escena de dos niños uruguayos, Antonio y Sofía, que van descubriendo la música a lo largo del espectáculo.

Para la actriz, es muy importante “que no solamente seamos mayores haciendo cosas para niños o mayores hablando de niños”, sino demostrar que los más pequeños “también tienen voz”.

Este formato de cuento también permite mejorar el nivel cultural en la infancia y “facilitar el acceso a una de las obras más importantes de la historia de la música”, resalta el director español.

Como pedagoga musical, Hernández Sanchiz defiende firmemente que la música es “básica” en la educación de los menores, tanto la audición de la misma como la creación artística.

La historia del “Pájaro de fuego” en la que se inspiró Stravinski para componer su ballet relata la historia de cómo un ave roba cada noche una manzana del árbol del jardín del rey.

El príncipe Iván, buscando al culpable de ese robo, no encontrará en primer lugar al pájaro de fuego, que lo hallará más tarde, sino a la princesa, de la cual se enamorará.

Es un cuento “complejo” por la cantidad de personajes y su dificultad, señala García Vidal, quien también vuelve a su niñez al dirigir este espectáculo porque la banda sinfónica le recuerda “a una sonoridad que dejó en su infancia” en Cocentaina (Alicante, este de España).

En esta nueva versión sin cuerpo de baile, la imaginación de cada espectador es libre para dibujar en su cabeza cómo sucedería este relato típico del folclore ruso.

La propia narradora reconoce que cada vez que lo ensaya descubre “un color nuevo en la banda o un intervalo en la música” que le hace “llegar a otro lugar”.

“L’oiseau de feu” (El pájaro de fuego) es un ballet en un acto y dos escenas que fue estrenado por los Ballets Rusos de Diaghilev en la Ópera de París el 25 de junio de 1910, durante su segunda temporada en la capital francesa.

Sergio Marín Lafuente