Madrid, 19 feb (EFE).- Medio millón de ciudadanos podrían disfrazarse de romanos, de época o de los años 60 en Cornejo, la empresa de alquiler de ropa que llega este año a su centenario después de superar dos grandes crisis.

“Tenemos en nuestros almacenes más de 500.000 trajes completos, es decir en torno a tres millones de prendas, zapatos y bisutería incluidos”, presumió en una entrevista con EFE Humberto Cornejo (Madrid, 1952), cabeza de la tercera generación que lleva un negocio de alquiler de vestuario para cine, teatro y televisión que en 2019 facturó 4 millones de dólares.

Creada a partir de una pequeña colección de trajes de etiqueta y disfraces que había heredado su abuela, Gabina Olivar, la sastrería Cornejo se ha visto en peligro en dos ocasiones precisamente “a causa de la familia”, señala su heredero.

“En las empresas familiares las crisis surgen siempre en la tercera generación”, afirmó este ingeniero de Caminos que se incorporó al negocio en 1976.

Explicó que tras iniciarlo Humberto Cornejo y Olivar en 1920, su tío Julián se quedó con él y su padre, Vicente, se incorporó en 1936.

En 1978 murió su tío y se sumaron a la empresa él y su primo, con el que las relaciones fueron cada vez peor hasta que en 2000 “no tuvo más remedio” que comprarle su parte porque la empresa “se iba a pique”.

Ese año se incorporan a Cornejo su hija María y una sobrina hija de su hermana pero en 2018 se desató una nueva crisis familiar que se resolvió finalmente con la salida de todos sus sobrinos de la empresa y la adquisición de su porcentaje.

“Ahora estoy feliz. El año pasado ha sido el mejor en toda la historia de Cornejo. La suerte que tengo es que mis dos hijos -María y Humberto-, que son los que ahora la llevan, son segunda generación”, bromeó.

Se quiere jubilar al cumplir los 68 años pero seguirá siendo accionista de una empresa que tiene “una estructura muy especial” porque de las 50 personas que trabajan en ella muchos son hijos de antiguos empleados, como el encargado, el gerente o el cortador, detalla.

El 80 por ciento de su facturación llega del cine internacional y de series como “Las chicas del cable” y son los propietarios de “tesoros” como la ropa de la película “Gladiator”, cuyos petos y armaduras para 2000 romanos se hicieron, por primera vez en la historia, en fibra de vidrio.

“Fue una inversión muy grande y un riesgo pero salió muy bien. Este es un negocio de estar invirtiendo continuamente”, afirmó Cornejo, cuya primera compra importante fue el vestuario de la película “La reina Margot”, 600 trajes que costaron unos 27 millones de dólares.

“Tuvimos que pedir un crédito pero fue muy buen negocio porque es una ropa de culto”, recalcó.

Cornejo estuvo en un edificio de la madrileña calle de Tirso de Molina hasta 2001 y ahora ocupa una nave de cuatro plantas en el distrito de Simancas, en la que solo guardan la ropa del siglo XX.

Entre sus “joyas”, que alquila por entre 108 y 324 dólares, destaca un vestido bordado en canutillo de cristal en degradé, el traje de Charlton Heston en “El Cid” o el de Penélope Cruz en “La niña de tus ojos”.

Viven “fundamentalmente” del cine y la televisión pero a ellos lo que le gusta es el teatro, “el hermano pobre de este negocio”.

Precisamente la figurinista italiana Franca Squarciapino, ganadora de un Oscar por su vestuario para “Cyrano de Bergerac”, está preparando con ellos la producción de “El enfermo imaginario” que dirigirá Josep María Flotats para la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) y la de “El vergonzoso en palacio”, dirigida por Natalia Menéndez.

Ella fue la que les abrió las puertas del cine francés, con la película “Ana Bolena”, y se adoran: “Ha sido muy interesante juntos porque siempre nos hemos entendido muy bien”, asegura la italiana mientras le abraza cariñosa.

Concha Barrigós.

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