Peatones pasan por el Richard-Wagner-Festspielhaus (Teatro del Festival de Bayreuth) en Bayreuth, Alemania, en una foto de archivo.EFE/EPA/PHILIPP GUELLAND

Bayreuth (Alemania), 5 ago (EFE).- No hubo rescate para el “Anillo del Nibelungo” de Valentin Schwarz: al telón final “Ocaso de los Dioses” del austríaco le siguieron los atronadores abucheos que llevaba días reservándole el Festival Richard Wagner por su versión en formato “Netflix” de la tetralogía wagneriana.

Schwarz no había salido a saludar tras el estreno del “Oro del Rin”, “La Valkiria” ni “Sigfrido”. En rigor, tampoco es preceptivo hacerlo en el festival de Bayreuth, puesto que el “Anillo” es un ciclo y, como tal, todo juicio intermedio es prematuro.

Se hizo esperar para recibir el veredicto. Y cuando finalmente asomó, arropado por su equipo técnico y tras las cerradas ovaciones a solistas y orquesta, recibió el bufido casi unánime, durante casi dos minutos, del templo wagneriano.

El “Ocaso”, plasmado en una piscina vacía, mohosa y precintada, cerraba el capítulo de una tetralogía plagada de infidelidades, traiciones y una infancia a merced de los bandazos adultos.

Se veía como inevitable que tras el telón se abalanzaría la tormenta sobre Schwarz, con 33 años y debutante en la casa. Cada una de las piezas anteriores había recibido su dosis de protestas, que además fueron “in crescendo”, como lo fueron las ovaciones a la parte musical.

La batuta de Cornelius Meister tal vez no sea la más wagneriana entre las que se alternan en la presente temporada de Bayreuth. Pero la lógica del equilibrio hizo que se le recompensara con aplausos, mezclados con algún signo de protesta.

Meister había asumido la dirección de la tetralogía tras contraer la covid el maestro previsto, el finlandés Pietari Inkine. Ahí se ganó ya el obvio reconocimiento a su valor.

Mucho más que a Meister se ovacionó a todos los solistas de las 15 horas de “Anillo”. Principalmente a Egin Silins y Tomasz Konieczny, que se alternaron el papel de Wotan; a Andreas Schager y Clay Hilley, los Sigfridos, a las Brunildas Iréne Theorin -con alguna excepción- y Daniela Köhler, y a la Siglinda Lise Davidse.

INFORTUNIOS Y ACCIDENTADOS RELEVOS

El “Anillo” parecía perseguido por la mala suerte. Schwarz jugó a la sorpresa, al trasladar a los mitos wagnerianos a escenas que podían recordar a “Dallas” o a las series de “Netflix”, según los referentes de cada generación de espectadores.

Fue un estreno accidentado. Al Wotan Konieczny hubo que buscarle un relevo para el tercer acto de “La Valkiria”, tras desplomarse sobre una silla rota; también hubo que buscarle repuesto a Stephen Gould para el Sigfriedo del “Ocaso” de hoy, lo que recayó en el debutante Hilley.

EMBARAZOS, SUICIDIOS, LIFTINGS Y OTRAS SORPRESAS EN SERIE

Las sorpresas a las que Schwarz quiere llevar al espectador de Bayreuth, que teóricamente conoce cada nota y cada detalle del libretto, eran parte del juego. Se trataba de crear expectación ante el siguiente capítulo serial, en lugar de recrear lo conocido.

A Siglinda le conoce Sigmundo ya embarazada, lo que rompe el esquema del amor entre hermanos. Por extensión, surgía la incógnita de la paternidad de Sigfrido.

Por el “Anillo” de Schwarz no discurren gigantes ni enanos, sino Valkirias recién salidas de un lifting y siliconas; no siempre muere quien espera el espectador; o, de fallecer, no será tal como mandan los cánones de Walhalla, sino de infarto, suicidio o otras modalidades más comunes en el mundo presente.

Nada de eso sería automáticamente reprobable desde la perspectiva de Bayreuth. Pero falla la famosa “nuance” -vínculo conductor- emocional en los momentos donde se espera pasión. Incluso fuego.

LA DIFÍCIL DIGESTIÓN DE OTROS ANILLOS

Los juicios intermedios, tras cada pieza, a un “Anillo” no son fiables. Tampoco está garantizado que a los abucheos de un estreno no le sigan grandes reconocimientos en la siguiente temporada. El abucheo en Bayreuth tiene algo de catarsis.

Ni siquiera el llamado “Anillo del Siglo”, estrenado por Patrice Chéreau en 1976, se libró de las iras iniciales. Menos aún el de Frank Castorf, quien escuchó abucheos en Bayreuth desde 2013 a 2017, aunque también se ganó adeptos con sus visionarias torres petroleras, preámbulo de la actual crisis del gas.

EL MENSAJE A THIELEMANN

La temporada se había abierto con el nuevo “Tristán e Isolda” de Ronald Schwab. El jueves, día de “descanso” entre la tercera y la cuarta pieza del “Anillo”, se repuso “Lohengrin” con Christian Thielemann en la dirección.

Thielemann, quien durante cinco años fue batuta titular de Bayreuth y puntal para la directora del festival, Katharina Wagner, se despedirá esta temporada por tiempo indefinido del templo. No es un año fácil para el director, contra quien en medios alemanes circularon acusaciones de comportamiento autoritario o sexista.

Recibió una ovación entusiasta tras su “Lohengrin”, en justo reconocimiento a la precisión que aplica a la partitura wagneriana.

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