Madrid, 2 abr (EFE).- En un principio se creyó que sus amigos iban a hacer algún tipo de despedida, pero Sánchez Ferlosio hace tiempo lo dejó claro cuando le preguntaban dónde quería ser enterrado: «Yo, en el lugar más escondido», explicaba este martes en el tanatorio su amigo el filósofo Tomás Pollán.

Así, Ferlosio, que falleció ayer a los 91 años, fue despedido este martes de forma íntima por sus familia y amigos en el madrileño Cementerio de la Almudena, donde fue enterrado en la sepultura en la que están su padre y hermanos.

Su viuda, Demetria Chamorro, muy afectada y recuperándose de una operación de pulmón, encabezó el sepelio, acompañada por sus familiares y amigos

Por la capilla ardiente a lo largo del día de ayer pasaron también numerosas personas a dar el pésame a la familia, como el ministro español de Cultura, José Guirao, quien destacó que al premio Cervantes «no se le ha entendido en toda su dimensión porque era extraordinario», recalcó.

El féretro del escritor que revolucionó la narrativa de los cincuenta en España con «El Jarama» e «Industrias y andanzas de Alfanhuí», apasionado de la gramática, ensayista, polemista y uno de los grandes escritores del siglo XX, estaba cubierto de coronas de flores.

Minutos antes de partir hacia el cementerio, su viuda explicó a un pequeño grupo de periodistas que vivieron décadas de amor y complicidad. «Nos conocimos en el Ateneo en 1963, cuando yo tenía 18 años y estaba estudiando Filosofía».

La viuda del siempre polemista y con aspecto de viejo gruñón, pero tímido y tierno escritor, comentó cómo fueron sus últimas horas.

«Rafael estaba muy sano para la edad que tenía -dijo-, nunca le encontraba el médico nada. Había tenido achaques y una operación de pulmón hace muchos años, pero se sintió mal después de haber pasado el domingo en casa viendo una película con mi nieta, Laura, a la que absolutamente adoraba».