Quito, 18 jul (EFE).- Cargados de solidaridad y alejados del pesimismo y el victimismo, ocho montañistas de Ecuador y Estados Unidos, que han sufrido amputaciones, ascenderán al Cayambe, un volcán de 5.790 metros de altitud, para probar que el uso de prótesis especiales demuestra que las lesiones no son obstáculos.

Con el proyecto, los ocho escaladores, que subirán con igual número de acompañantes, buscan recaudar fondos para entregar cien prótesis en Guatemala, Ecuador y Estados Unidos a personas que no tiene los recursos necesarios para acceder a alta tecnología.

El ascenso hasta la cumbre, que será el 26 de julio, tomará unas nueve horas y los montañistas documentarán su viaje con el objetivo de compartir los desafíos y emociones de la experiencia y, a la vez, sensibilizar al público sobre la importancia de los derechos de las personas con discapacidad, informó la Embajada de Estados Unidos.

“Tener una parte menos se ha estigmatizado en la sociedad. Lo importante es la esencia de demostrar que un ser humano, con una lesión física, es capaz de lograr un objetivo como el subir a la cumbre” del Cayambe, algo que para un sedentario, con el cuerpo completo “es un reto bastante complicado”, dijo Santiago Quintero.

Con sus dos pies amputados a la mitad, el escalador Quintero será el líder del grupo que ya está en Ecuador para “compartir un sueño” y divulgar el mensaje de que “todo es posible de conseguir” y más aún con tecnología avanzada.

“Hoy por hoy hay prótesis de alto nivel con las que se pueden conseguir retos bastantes complicados”, que con un par de muletas sería “mucho más difícil”, comentó a Efe Quintero quien, en 2002, sufrió la congelación de sus pies en el Aconcagua, hecho que derivó en la amputación de la mitad de sus pies.

No fue lo peor. Los médicos le sugirieron que busque otra actividad porque a la montaña, le dijeron, no podría volver.

Nueve meses estuvo en el hospital. Recuerda la herida abierta, las terminaciones nerviosas a flor de piel y a los médicos que le dijeron que se sienta afortunado si volvía a caminar, que la montaña se había acabado “para siempre” para él.

Pero Quintero confesó que “hubiera preferido” morirse antes que no intentar volver a su deporte y apuntó que los siguientes cinco años ocurrieron “milagros” en su vida gracias a diversos tratamientos y a su tenacidad: se fue la hipersensibilidad de los pies, la piel se hizo resistente.

Con su corazón libre y su pasión por las montañas como bandera, no solo volvió a caminar sino que en 2013 pasó 36 horas a más de 8.000 metros sin oxigeno en el Everest, monte que es parte de su proyecto de conquistar 14 picos de esas características y en esas condiciones. Le faltan ocho.

La “vida es ser feliz”, sostuvo Quintero quien con sus colegas que usan prótesis -cuatro ecuatorianos y tres estadounidenses-, tomarán al Cayambe como pretexto para lanzar desde sus alturas un mensaje de esperanza, de gratitud hacia la vida.

“Socialmente o generalmente hay una actitud de quejarse que tiene que ser cambiada”, sostuvo el escalador de 40 años quien cree que al alimentar el afán por conseguir dinero y comprar bienes se “pierde la esencia de la vida”.

El mensaje, que documentará una productora estadounidense, es muy claro, “positivo, espiritual, de motivación, superación, de no compararnos, de decir gracias a la vida”, comentó.

Los escaladores, que estarán en Ecuador hasta el 29 de julio como parte del programa “Superando Obstáculos, desafío Cayambe 2015”, organizado por The Range of Motion Project (ROMP), harán tres cumbres en su proceso de aclimatación y entrenamiento.

El Ruco Pichincha, el Pasochoa y el Iliniza Norte esperan a los escaladores que forman parte del proyecto, auspiciado por la embajada de Estados Unidos y que conmemora los 25 años de la promulgación de la ley sobre estadounidenses con discapacidades.

Con el ascenso, los escaladores quieren demostrar que la discapacidad es “una decisión personal”, a criterio de Quintero.

“Todo es posible, no hay limites, el universo es demasiado grande”, aseguró al considerar a la discapacidad como “una oportunidad para convertir las adversidades en ventajas”.

Lo importante para el escalador ecuatoriano “es tener un contacto espiritual”, una relación de cada persona “con su divinidad” y trabajar en el crecimiento interno.