Sajama (Bolivia), 1 oct (EFE).- La expedición Reto Pelayo Vida Andes 2019 se va acercando al gran desafío de la conquista del Nevado Sajama, el techo del Bolivia (6.542 metros) y tras un traslado de 175 kilómetros entre Sabaya y Sajama sus ojos ya conocen la impresionante mole de piedra que da nombre al Parque Nacional.

Se dejo ver el Sajama hasta su nevada cima a muchos kilómetros de su base, pero luego se nubló a medida que las 6 supervivientes del cáncer del Reto Pelayo, las españolas Victoria, Estrella, Felisa, Raquel y Begoña y la mexicana, Rina, se aproximaban a su base.

La expedición partió temprano de Sabeya, a los pies del volcán Tata Sabaya, montaña sagrada de la madre tierra, la «Pachamama», en cuyo mástil ondea la bandera aymara. Una inmensidad comparada con la pequeña iglesia colonial de la localidad, en tiempo de la conquista española llamada Nueva Toledo. El edificio fue declarado patrimonio cultural en 1967.

Tras atravesar las pistas arenosas de esta región de Oruro y algunos que otros ríos. las expedicionarias aún pudieron observar la población de flamencos que abundan por las lagunas de la comarca y las «Chulpas», antiguas tumbas precolombinas en forma de rectángulos donde reposaban los restos de los caciques regionales.

Serán las últimas opciones de admirar los aspectos culturales de Bolivia, pues a partir de este lunes las fuerzas y la concentración irán encaminadas al ascenso al Sajama.

Para empezar dos jornadas de entrenamiento y aclimatación para el grupo que dirige la himalayista asturiana Rosa Fernández. El grupo ascenderá primero hasta la Montaña de La Laguna y el jueves la prueba definitiva con el ascenso al Acotango, un 6.000 que servirá de examen antes de afrontar el coloso del Sajama.

«Llegó el momento del auténtico desafío, hora hay que pensar en lo que nos espera. El grupo se encuentra unido y con las fuerzas intactas. La ilusión y el trabajo de todo el equipo que nos rodea, entre guías, cocineros y demás auxiliares, nos llena de motivación», dijo a EFE Rosa Fernández.

Una jornada que tuvo como premio la lección de historia de uno de los conductores de la expedición, y el más veterano, «Don Lucho», de 74 años, que narró su experiencia de haber colaborado a los 19 años en la captura por parte del ejército boliviano del legendario guerrillero argentino-cubano Ernesto «Che» Guevara.

«Hablé con él, ya capturado y esposado me pidió un vaso de agua y él me dio un cigarrillo. Lo vi muy mal, demacrado».

«Don Lucho», un auténtico «GPS» a la hora de guiar la expedición por las inmensa pistas del altiplano, fue una de las últimas personas que vio y habló en La Higuera (Valle Grande) con el Che.

Carlos de Torres

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