Sepang (Malasia), 31 oct (EFE).- El título conseguido por el francés Johann Zarco (Kalex) en el Gran Premio de Malasia de Moto2 que se disputó ayer, domingo, en el circuito de Sepang, deja a la carrera de la Comunidad Valenciana, última de la temporada, como mero trámite, pues ya están adjudicados todos los títulos mundiales, aunque no la honra de muchos de los que han quedado por el camino.

Y al hablar de honra nos estamos refiriendo a los intereses que muchos pilotos, en prácticamente en todas las categorías, querían conseguir lo que sólo lograron el español Marc Márquez (Repsol Honda RC 213 V), en MotoGP, el francés Johann Zarco (Kalex), en Moto2, y el surafricano Brad Binder (KTM), en Moto3.

Binder fue, precisamente el primero en conseguir el título mundial de 2016, en la más pequeña de las categorías, y por el camino dejó al italiano Enea Bastianini (Honda), ahora lesionado, y al español Jorge Navarro (Honda), que de pelear por el título y después por el subcampeonato, sus tres últimos ceros le han “descolgado”, incluso, de la tercera posición del campeonato, por la que deberá luchar en la Comunidad Valenciana.

Tras Binder, quien se proclamó campeón del mundo, por tercera vez en su carrera deportiva en MotoGP y la quinta en el cómputo global, fue el español Marc Márquez en MotoGP, a pesar del disgusto del italiano Valentino Rossi, quien un año más aspiraba a ser él el campeón, y también del español Jorge Lorenzo, que sucumbieron al noveno ganador de la temporada en la categoría, el también italiano Andrea Dovizioso (Ducati Desmosedici GP16).

En este trío asiático el piloto de Repsol Honda sentenció en Japón, pero a partir de ese momento se prodigaron una serie de fallos, en forma de caída, que hasta el momento no se habían producido, pero que en cualquier caso no le ha impedido disfrutar del título conseguido.

Y es en este punto en donde sale a colación el tan manido asunto de la “honra”, puesto que con el título Marc Márquez ha dejado por el camino al que era campeón de 2015, Jorge Lorenzo, y al que quería haberlo sido tanto en 2015 como en 2016, Valentino Rossi.

El primero no ha logrado esta temporada “aclimatarse” a tiempo a los nuevos neumáticos Michelin, que le han hecho sufrir lo indecible hasta empezar a “entenderlos”, lo que parece haber sucedido, precisamente, en Malasia.

Mientras que la racha de podios, que no de victorias, del segundo, de Valentino Rossi, llega tarde y a destiempo, como los aplausos cuando se ha caído en Sepang o los abucheos recibidos en algunos circuitos por parte de un nutrido grupo de “paletos” seguidores del italiano.

Es difícilmente concebible que una rivalidad dentro de la pista incite a los aficionados a aplaudir cuando un rival se cae -Malasia- o abuchearlo cuando triunfa -Catar, Argentina, Mugello o Misano por citar algunos-, y si hay un culpable de todo ello no es ni más ni menos que todo un campeón como es dentro de la pista y debiera ser fuera de ella, el italiano Valentino Rossi.

Rossi no es campeón del mundo desde 2010 y eso parece que le duele, pero lo cierto es que si no ha logrado nuevos títulos es, simplemente, porque en pista hay alguien mejor que él.

Y mejor que él no hubo nadie en pista al hablar del francés Johann Zarco. La probabilidad más clara de ser campeón del mundo era que ganase en Malasia y ganó. No se puede decir más y la honra herida de sus rivales, el suizo Thomas Luthi y el español Alex Rins, no puede más que reconocer que una temporada más el francés fue superior a ellos.