Madrid, 6 abr (EFE).- El Real Madrid se enfrenta al Anadolu Efes de Estambul, en la última jornada de la fase regular de la Euroliga, con los deberes hechos, teniendo el primer puesto asegurado y sin posibilidad de poder influir en el que será su rival en cuartos de final, pero «quiere ganar» como aseguró su entrenador Pablo Laso.

Sin nada en juego, más allá de los 35.000 euros que la competición otorga al equipo vencedor, el Real Madrid quiere ganar. Es una cuestión de prestigio, de respeto por uno mismo, por el rival y por el resto de equipos participantes.

Pero sin hacer locuras, como el propio técnico del Real Madrid confirmó en la previa. De hecho Laso comentó que tenía «seis o siete jugadores renqueantes» y que hasta horas antes del partido no decidiría los doce con los que afrontará el choque.

La temporada del equipo español ha sido muy dura hasta el momento, pero faltan los dos meses decisivos y el domingo tiene otro órdago en la Liga, porque se mide al Baskonia.

Un equipo de baloncesto no es como un coche, en el que se puede acelerar y frenar a voluntad. Y es muy complicado jugar a medio gas el viernes e intentar hacerlo a tope 48 horas después.

No será un partido para intentar hacer cosas nuevas, pero sí para ahondar en situaciones ya conocidas por los jugadores, para limar aspectos tácticos y para seguir en la dinámica ganadora.

El Anadolu, como el propio entrenador madridista se encargó de recordar, es uno de los equipos más físicos de la competición y jugar sin ponerlo todo en la pista podría ser incluso peligroso y un riesgo que es mejor no asumir.

Los precedentes benefician al equipo español que ha ganado cinco de los últimos seis partidos en los que se ha enfrentado al Anadolu y en los últimos nueve en los que jugó en Madrid, para un 17-6 global.

Pero el equipo turco sí se juega algo. Incluso podría ser cuarto, y tener el factor cancha a favor en los cruces. Aunque es complicado, porque además de ganar no deberían hacerlo ni Panathinaikos, Fenerbahce ni Baskonia.