París, 6 jun (EFE).- Novak Djokovic, de 31 años, se ha vuelto a atascar en su arduo camino de regreso a la élite. Después de ceder ante el surcoreano Hyeon Chung, 58º del mundo, en el Open de Australia de este año, se dio otro batacazo en un Grand Slam ante otro jugador de fuera del top 50, el italiano Marco Cecchinato (72).

La lesión en el codo derecho que le mantuvo fuera de combate la segunda mitad de 2017 y algunas dudas psicológicas que arrastraba desde el año anterior, cuando perdió el número uno, están siendo más difícil de remontar que lo esperado.

El ganador de 12 Grand Slams certificó su salida de la arcilla de Roland Garros frente a un jugador que no había ganado un partido en un gran torneo hasta el inicio de este torneo, un semidesconocido Cecchinato.

La derrota le dolió tanto -cedió los dos primeros sets, pero desperdició tres bolas para empatar a dos mangas- que dio una rueda de prensa exprés y de muy mala gana que dejó atónitos a los periodistas que cubren la competición.

“No”, “no lo sé”, fueron las respuestas más recurrentes a las cuestiones de los reporteros. Su tremenda frustración de quedarse a las puertas de unas semifinales después de haber trabajado tanto, en el plano físico y mental, era imposible de ocultar.

Sumido en el dolor de su eliminación, el serbio incluso dejó en el aire su participación en la temporada de hierba, que incluye Wimbledon.

“No sé lo que voy a hacer (participación en el circuito de hierba). Acabo de salir de la cancha. Lo siento, pero no puedo dar una respuesta”, soltó.

“Nole”, que partió como favorito número 20 -uno de sus ránking más bajos de la década-, sentía que su rendimiento venía de menos a más y buscaba ante un especialista en tierra, el austríaco Dominic Thiem, una semifinal que refrendase su recuperación.

En su mente, estaría también reeditar un clásico del tenis mundial en una hipotética final ante el rey de la arcilla, Rafael Nadal. Pero Checchinato le dio un portazo a sus aspiraciones.

Para llegar a los cuartos, el exnúmero uno mundial había dejado por el camino al brasileño Rogério Dutra Silva, con relativa holgura, y a tres españoles: Jaume Munar -tres mangas-, Roberto Bautista Agut -cuatro con dos desempates incluidos- y Fernando Verdasco -tres sets-.

Djokovic se había presentado a este Roland Garros con un discurso tamizado, en el que el tenis ya no era su absoluta prioridad.

“No quiero ser la misma persona que era hace dos, tres o cuatro años. Tengo una vida diferente. Soy padre de dos críos. Es todo tan diferente que hay que dar prioridades. No es solo tenis, como era antes”, comentó el “nuevo” ‘Nole’ durante el torneo.

Pero esa óptica “zen” no se reflejó tanto en la pista, sino todo lo contrario. En la eliminatoria de tercera ronda a Bautista Agut, la rabia del serbio desbordó. Reventó la raqueta a golpetazos después de errar una derecha fácil.

“A veces, las emociones te sacan lo peor de ti, o a veces lo mejor. Hay situaciones en las que gritar o lanzar la raqueta te puede ayudar a desembarazarte de la presión o puede no ayudarte en en nada. Es difícil saber cómo proceder”, señaló el jugador, evitando detractarse totalmente del gesto.

Por Antonio Torres del Cerro