Madrid, 14 may (EFE).- Es el nombre de la Liga. 40 goles es una cifra descomunal, pero el plus meritorio de Luis Suárez es encajar en la dinámica del FC Barcelona.

Al 9 uruguayo se le caen los goles del bolsillo. Es uno de los grandes fichajes en la historia del Barcelona. Entró en el Camp Nou como jugador interesante y acaba su segundo año como jugador alucinante.

Luis Suárez es pura fibra. Cuando a mitad de temporada recogió el premio Efe al mejor jugador latinoamericano, en cuanto uno le da una palmada en el brazo confirma que es una roca.

Tirarle en él área es un ardor guerrero para cualquier defensa. Cuando el Barcelona ficha, lo saben dentro del club desde la dirección deportiva, contrata con ilusión. Pero sabiendo, en el fondo, que acoplarse y entrar en el rondo y el toque no es un reto que esté al alcance de todo el mundo. Sin ir más lejos, lo ha comprobado Arda Turan en su primer año. Lejos de lo que fue en el Atlético de Madrid, con una calidad técnica innegable, a Arda, en cambio, le costó integrarse en el libreto de Luis Enrique.

Por eso, realza aun más el perfil de Luis Suárez, que lee las diagonales de segunda línea como nadie, y emboca lo que le llega a la red con inteligencia y voracidad.

Heredero del poderío de Diego Forlán en Uruguay, Luis Suárez acaba como Bota de Oro y Pichichi, en un año imborrable para él.

Suárez mantuvo la regularidad siempre. Messi y Neymar, sus grandes socios y de fútbol sublime, tuvieron su Guadiana pero Luis Suárez sacó un 8 todos los domingos. En el torneo del pan y la mantequilla, que decía John Toshack, el de todos los fines de sonaba, Luis Suárez fue un número uno.