Guatemala, 3 jun (EFE).- Solo un Barcelona y Real Madrid pueden colarse como tema de debate en las tertulias deportivas de los aficionados al fútbol en Guatemala. Pero a falta de los invitados culés, las calles del país centroamericano se llenaron hoy del blanquinegro del Juventus y de los colores merengues.

En las horas previas a la final de la Liga de Campeones, que se celebra en el Millenium Stadium de la ciudad galesa de Cardiff, los guatemaltecos se mostraron reacios. Tardó en reunirse la gente, pero poco a poco restaurantes y bares de diferentes puntos de la capital entraron en un ambiente de fiesta y hermanamiento.

Los preparativos se convirtieron en un círculo marcado con rojo en el calendario de todos los amantes del deporte en Guatemala. Nadie era capaz de despegarse del televisor. Cualquier excusa era buena para ver el partido: una comida entre amigos, una fiesta en la piscina, una barbacoa o, simplemente, una quedada en una terraza o un restaurante para ver, minuto a minuto, la final.

Camisetas de Dybala, Pirlo o Marchisio, algunos de los más queridos por la afición italiana, copaban cada espacio de los bares italianos, como uno de la capital en el que una manta negra con el lema “Forza Juve” en blanco dibujaba el sentir de estos guatemaltecos.

Manlio Cozzarelli, presidente de un club que está por legalizarse en Guatemala y convertirse en el segundo de Latinoamérica después de Colombia, explicó a Efe que este es un momento histórico y que no dejarán solo a su equipo, como lo hacen en cada partido desde hace 7 años.

“Somos de toda la vida. No somos aficionado de ocasión”, dice este guatemalteco de familia italiana, que reúne a la gente frente a la manta para, a golpe de bombo, animar a los suyos desde la distancia.

A unos metros, en una terraza al aire libre en un centro comercial que acaba de abrir sus puertas, decenas de seguidores del Juventus y del Madrid, con comida y cerveza de por medio, se reúnen frente a un pantalla gigante para observar el espectáculo.

Las caras y los gestos de tensión empiezan con los primeros minutos. Los aplausos y las manos en la cabeza, al igual que los resoplidos, son una constante. Las llegadas de unos y de otros encienden los ánimos.

El primer gol de Cristiano Ronaldo desató la euforia. La gente agitó sus gorras y sus camisetas. La repetición una y otra vez del tanto afianzó el lamento de unos y la celebración de otros.

Pero minutos después, el espectacular tanto de Mario Mandzukic levantó los ánimos de los simpatizantes del equipo italiano.

Cada uno celebró los goles de los suyos, pero siempre en un ambiente distendido, en el que lo importante es “disfrutar y compartir”, destacó Sayra a Efe, aunque, eso sí, aclaró: “quiero que gane la Juve”.