Lisboa, 13 jul (EFE).- La llegada de una estrella de renombre internacional como Iker Casillas coloca a la Liga lusa bajo los focos, un campeonato marcado por la desigualdad entre clubes pero que suscita una pasión desaforada entre los portugueses.

En territorio luso el balompié es el rey indiscutible, a años luz del resto de deportes, donde disciplinas como el baloncesto, la Fórmula 1 o el tenis reúnen una atención residual y en el que los mayores héroes nacionales son futbolistas.

Desde Eusébio -de origen mozambiqueño- hasta Cristiano Ronaldo, pasando por Luís Figo, Rui Costa o Paulo Futre, son ejemplo de ello. A ellos se ha sumado recientemente una generación brillante de entrenadores, con José Mourinho al frente y André Villas-Boas, Leonardo Jardim, Fernando Santos, Vítor Pereira y Marco Silva siguiendo su estela.

Tres periódicos deportivos editados a nivel nacional y decenas de programas de radio y televisión centrados en el análisis de cada jornada son reflejo de la locura de los portugueses por el fútbol y de la presión que existe como consecuencia, “agravada” precisamente por la ausencia de figuras relevantes en otras disciplinas.

Pese a ser uno de los países europeos menos poblados, con 10,5 millones de habitantes, la Liga lusa ocupa la quinta posición en la clasificación elaborada cada año por la UEFA, decidida en base a los resultados de los equipos nacionales en pruebas europeas durante las ultimas cinco campañas.

Sólo España, Inglaterra, Alemania e Italia -con entre cuatro y ocho veces más población- están por delante, mientras que por detrás se sitúan Francia, Rusia, Ucrania, Holanda y Bélgica.

Una de las características más visibles del campeonato luso es el desequilibrio entre los tres “grandes” -entre los que existe una enorme rivalidad- y el resto de equipos de Primera División en términos económicos, pero también de seguidores e infraestructuras.

Oporto, Benfica y Sporting de Lisboa tenían la pasada campaña un presupuesto de 90, 40 y 20 millones de euros, respectivamente, muy lejos de los 2 millones del humilde Belenenses.

Los tres cuentan con instalaciones deportivas al más alto nivel y despiertan pasiones en Portugal gracias a una legión de aficionados, en claro contraste con la mayoría de conjuntos modestos, a los que les cuesta llenar los estadios y donde es muy frecuente que una parte de la hinchada rinda también pleitesía a uno de los “grandes”.

Tanto es así que en el tramo final de la temporada, con el título en juego, es habitual que las aficiones del Benfica o el Oporto se desplacen en masa ante los rivales más humildes y sean mayoría incluso cuando juegan fuera de casa.

De hecho, el Benfica figura en varias clasificaciones internacionales como líder en número de socios a nivel mundial, con más de 270.000 inscritos.

De esta tendencia apenas se escapan clubes como el Sporting de Braga, el Vitória de Guimaraes o el Marítimo, que conforman la clase media de la Liga lusa y participan frecuentemente en Liga Europa.

Las diferencias son mayores todavía debido al reparto de derechos de televisión, ya que el portugués es considerado el campeonato más desigual del continente en este sentido.

Frente a los más de 16 millones de euros que recibe el Oporto por año, equipos como el Moreirense o el Boavista apenas percibieron dos millones, es decir, ocho veces menos.

En la práctica, las características de la Liga lusa harán que Casillas juegue en pequeños estadios como los del Tondela y el Paços de Ferreira, con menos de 8.000 asientos en ambos casos, algo poco frecuente a lo largo de su carrera.

A lo que sí está ya acostumbrado tras su paso en el Real Madrid es a la presión por ganar títulos, una exigencia acuciante esta temporada para un Oporto que acumula dos años de sequía.

Tanto los “dragones” como el resto de equipos grandes cuentan con una bulliciosa afición -con grupos de radicales incluidos- que fiscaliza la actuación de sus jugadores continuamente y se echa a la calle para celebrar las victorias importantes, como los benfiquistas el año pasado, que desbordaron por completo la emblemática plaza de Marqués de Pombal.