Río de Janeiro, 3 jun (EFE).- La presencia de mujeres en el deporte brasileño está prácticamente restringida a las cuatro líneas, donde muchas son un ejemplo de éxito, pero, en medio de la lucha por la igualdad, es curioso que en la orilla de los campos el predominio sea masculino, con raras excepciones.

Las pocas que se aventuraron a trabajar como entrenadoras tuvieron que enfrentar innumerables obstáculos, como el prejuicio, para hacer lo que aman y llegar a un equipo de elite femenino.

La única mujer en ocupar el cargo de técnica de la selección brasileña femenina de fútbol, Emily Lima, identificó, en una entrevista con Efe, el machismo como el gran desafío para las preparadoras en el escenario nacional.

«El problema no es la falta de interés o la falta de apoyo, pero sí el machismo. Vivimos en un país con una cultura machista. Se uno investiga, en cualquier otra área, solo hay hombres al mando», afirmó Emily, quien actualmente es técnica del equipo femenino del Santos.

«Algunas mujeres se aventuran y luchan contra el sistema que vivimos y conocemos. Creo mucho en eso. Yo no estoy ni ahí para el sistema. Me gusta el fútbol, amo el fútbol, estudio fútbol para que pueda trabajar de la mejor manera posible con lo que amo», completó.

Despedida de la selección tras apenas diez meses en el cargo y con un balance de siete victorias, un empate y cinco derrotas, Emily dice que Brasil está por detrás de otros países en relación a la inserción de mujeres en el deporte y al concepto de que ellas pueden, como los hombres, ejercer cargos de mando.

«Los países del primer mundo tienen otra cabeza, ya evolucionaron mucho más que nosotros, que estamos estancados. Ese puede ser un factor para que allí fuera exista un número mayor de mujeres profesionales no solo en el fútbol, sino en todas las áreas», expresó.

La misma opinión tiene Aline Pellegrino, exdefensa de la selección brasileña y hoy coordinadora del Departamento de Fútbol Femenino de la Federación Paulista de Fútbol (FPF).

«Sabemos históricamente que tenemos un país que necesita evolucionar en muchas cuestiones y el espacio de la mujer en la sociedad y en el fútbol es una de ellas», indica a Efe.

En el Mundial femenino de fútbol, que se celebrará en Francia desde el 7 de junio hasta el 7 de julio de este años, apenas hay nueve seleccionadoras mujeres de un total de 24: Sudáfrica, Alemania, Escocia, Estados Unidos, Francia, Holanda, Italia, Japón y Tailandia.

Brasil estará dirigida por Oswaldo Alvarez, «Vadao», quien cuenta con innumerables pasajes por equipos masculinos. Él ya dirigió a la selección femenina de 2014 a 2016 y volvió al cargo en 2017, en sustitución de Emily.

En la edición de este año en el Campeonato Brasileño femenino, de los 16 equipos participantes, solo dos están comandados por mujeres, Santos, por Emily Lima, y Ferroviária, por Tatiele Silveira.

Como en el fútbol, en el voleibol y en el baloncesto la presencia de mujeres en los banquillos es muy pequeña.

En voleibol, no hubo ni siquiera una entrenadora en la edición 2018/2019 de la Superliga Femenina, que cuenta con 12 equipos. La última mujer en comandar un equipo en la competición fue Sandra Mara Leao, por el Uniara/Araraquara, en la 2014-2015.

Antes de ella, Isabel Salgado había dirigido al Vasco en la edición 2000-2001. Y peor, ninguna mujer jamás entrenó a la selección femenina, de acuerdo con datos de la Confederación Brasileña de Voleibol (CBV).

En baloncesto, el escenario es similar: ninguna mujer entre los técnicos de los diez equipos de la competición principal del país, la Liga Femenina de Baloncesto (LBF).

No obstante, para el actual entrenador de la selección femenina, Antonio Carlos Barbosa, el escenario comenzó a cambiar.

«Esa diferencia ya fue más acentuada. Actualmente existen técnicas mujeres en las categorías base de masculino y también en la base del femenino», afirmó a Efe Barbosa y recordó algunos nombres que ya ocuparon el cargo de entrenadora en la elite.

«María Helena Cardoso, Heleninha, Laís Elena y Arilza (Coraça) fueron las que más tiempo permanecieron como técnicas en la categoría adulto y en la base. Otras exjugadoras iniciaron, pero tuvieron secuencia, como Janeth y Branca», comentó.

María Helena Cardoso, citada por Barbosa, estuvo al frente de la selección femenina, auxiliada por Heleninha. Las dos conquistaron el Panamericano de 1991 y llevaron al equipo liderado en el campo por Paula y Hortência a los Juegos Olímpicos por primera vez, en Barcelona, en 1992.

Para Janeth, el incentivo para que más mujeres se vuelvan entrenadoras podría venir de las confederaciones.

«No sé cuánto ni cómo, en el baloncesto, CBB y LBF pueden auxiliar, pero acredito que eso llevaría a muchas mujeres a querer estar al frente de las selecciones brasileñas», afirmó la exjugadora.

Aline Pellegrino, ve la búsqueda por espacio de las mujeres como un camino a ser recorrido como varios otros que, al final, fueron concluidos con éxito.

«Pocos años atrás, las mujeres no podían ni siquiera jugar al fútbol. Es difícil imaginar que ellas tendrían la intención de ser técnicas, árbitras, reporteras. Es un proceso, una construcción, pero será necesario abrir las puertas para que esas mujeres tengan la oportunidad de mostrar su trabajo», concluyó.

Fernanda Russo Filomeno