Charlotte.- Dueño de una conocida orquesta de música tropical y carpintero de profesión, José Ayala recuerda como si fuera hoy, los espantosos momentos que vivió en la mañana del 11 de septiembre de 2001, durante el ataque terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York.

Ayala, quien ahora trabaja como gerente de mantenimiento en un hotel del centro de Charlotte, se encontraba ese día construyendo el área de recepción para una oficina de abogados en el sexto piso de la torre norte, la primera en ser impactada por uno de los aviones que tumbaron los edificios.

El carpintero, de origen salvadoreño, dice que buscaba en sus bolsillos dinero para que uno de los obreros de su equipo fuera a comprar café, cuando sintió el impacto. En ese momento no sabía la razón por la que el edificio se estremeció.

“Nos asomamos a las ventanas y vimos la gente en la calle que miraba aterrada hacia arriba y luego comenzó a caer papel del cielo como si fuera un carnaval”, cuenta el salvadoreño que a comienzos de los ochenta se asentó con su familia en Nueva Jersey.

Narra que algunos de los trabajadores trataban de guardar sus herramientas, pero la conmoción y el estruendo de varias explosiones los hizo entrar en pánico y buscaron las escaleras de emergencia para huir del lugar.

En el lobby del edificio todo era confusión. Algunos decían que se trataba de un generador que había explotado. Al cabo de unos 10 minutos cuando Ayala logró llegar a la calle, vio como la gente atrapada por el fuego en los pisos altos saltaba al vacio.

“Quería hacer algo para salvarlos, pero sabía que moriría en el intento”, dijo.

Para Ayala, todo lo que acontecía a su alrededor estaba fuera de la realidad. Había caminado dos cuadras, y vio cuando el segundo avión chocó contra la otra torre.

“Sentí el calor del fuego, era increíble, fue ahí cuando entendí que no era un accidente sino que se trataba de un ataque y sentí terror”, recuerda Ayala, quien no pudo evitar reflejar en su rostro su tristeza al revivir esos momentos.

El hispano se encontraba a unos pocos bloques de las torres cuando colapsaron y una gruesa nube de polvo lo cubrió todo.

“No se veía nada y tropecé con algo y tuve que caminar por horas con mi tobillo lastimado”.

Ayala dice, que anduvo como un “zombie” alrededor de seis millas hasta un edificio federal donde tenía su vehículo estacionado, pero lo halló cerrado. Allí tuvo que esperar varias horas y sin poderse comunicar con su familia, hasta que fue trasladado a Nueva Jersey en un transporte de emergencia.

El ataque del 11 de septiembre afectó profundamente a Ayala. “Tenía un miedo constante de que algo podía ocurrir cada vez que iba a Manhattan”.

Eventualmente, Ayala visitó a su hermano que vive en Gastonia, y en 2005 se mudó a Carolina del Norte con su esposa Rosa y sus hijas Silvia y Maribel, que ahora asisten a la universidad.

A mediados de 2008 abrió el restaurante de comida latina Furia Tropical en el centro de Gastonia, que mantuvo operando por menos de un año. Hace cuatro años tiene su trabajo en el hotel, y sus ratos libres los dedica a la música con su orquesta Furia Tropical, donde canta y toca el piano.

“Tuvimos difíciles momentos allí, pero ahora vivimos tranquilos”, concluyó.

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