Charlotte.- Una leyenda cuenta que las hermosas princesas de una dinastía del enorme imperio chino mantenían su piel tersa y lozana consumiendo liches y longons, dos exóticas frutas del lejano oriente que ahora se pueden conseguir en los supermercados asiáticos que llegaron a Carolina del Norte.

Super G, que en Charlotte cumple un año de existencia, sigue la tradición de los supermercados que la comunidad coreana estableció en la Pequeña Corea de Los Angeles y en el área metropolitana de Washington DC, donde los salvadoreños, mayoría en la capital y sus alrededores conocen los populares almacenes H, en los que además de adquirir los ingredientes para las pupusas, ya compran peras asiáticas y frutas como el fuyo o persimón, que en Latinoamérica los chilenos cultivan con el nombre de kaki.

“H en coreano quiere decir ‘juntos’ y G significa ‘grande’”, cuenta Benjamín, en su inglés quebrado, y agrega: “los clientes hispanos son muy importantes para nosotros, tienen mucho poder de compra”.

De acuerdo con el administrador, 15 por ciento de su clientela es hispana, 25 por ciento coreana, 25 por ciento de otros países asiáticos, 5 por ciento del subcontinente de la India, 10 por ciento europea, 10 por ciento estadounidense y el restante de otra procedencia: africana, árabe y del Caribe inglés, francés y holandés.

En Carolina del Norte, Super G abrió su primera tienda en Greensboro hace tres años, con sus productos no convencionales, como los que han ofrecido otros almacenes asiáticos, como el Atlantic Supermarket, con sus sedes en Eastway y South Boulevard, cuyos propietarios son vietnamitas. También, en la tienda japonesa-vietnamita Anh Dao Sakura, la cadena coreana Lotte y el almacén japonés Hatoya.

En Super G los clientes pueden ser sorprendidos con cangrejos vivos, muñecos que exhalan vapor, tortillas transparentes de arroz y empanadillas orientales, conocidas como dumplings, con un sabor indescifrable.

Luis, guatemalteco, trabajador del supermercado, dice que lo que más le gustan son las “sabritas” de ellos.

Los empleados hispanos abundan en la tienda asiática, quienes aparecen en las diferentes áreas: verduras, frutas, carnicería, pescadería y hasta en el servicio postal.

“Somos de México y Centroamérica”, cuenta Raúl, capataz de los trabajadores, quien afirmó ser de Chiapas (Mé.

Luis, empleado hondureño, camina entre frutos exóticos, como rambután que parece un erizo de mar, dragón, que luce como el mítico lagarto botafuego o los inmensos dairín, langka o melones de invierno, que superan en tamaño a nuestras sandías.