Charlotte.- En las iglesias de Charlotte se está registrando un aumento de asistentes procedentes de Centroamérica, incluyendo niños protagonistas de la crisis humanitaria que experimenta la frontera.

El pastor hondureño Victorino Villalobos, del Ministerio Internacional Nueva Vida, afirma que el fenómeno está ocurriendo en su iglesia. “Está llegando gente de todas las edades: adultos, algunas madres y niños que se han logrado reencontrar con sus padres, que ya vivían aquí en Estados Unidos”, dijo Villalobos.

El ministro afirmó que en cuestión de dos meses se han incorporado cerca de 20 personas a sus servicio religioso.

“Tenemos 6 niños nuevos, a los que acogemos con cariño, incluso en uno de los casos tuvimos que viajar a Los Ángeles, para lograr la reunificación familiar.

No obstante, el pastor no recomienda que los padres envíen a sus hijos para que hagan sus recorridos desde El Salvador, Guatemala u Honduras. “Es muy peligroso, se está exponiendo hasta la vida de los menores o que sean abusados o abusadas por las maras”, aseveró Villalobos.

El ministro contó que han ocurrido situaciones en las que los padres han ido a reclamar a sus hijos y han salido de las oficinas de Inmigración con un grillete electrónico adherido a una pierna.

“Le ha pasado a algunos de los miembros de nuestra iglesia, que por eso tienen temor de dar a conocer sus casos”, anotó.

Caren es una hondureña que acudió recientemente al Ministerio Internacional Nueva Vida.

La mujer es madre de un niño de 3 años, al que le dio el nombre de Justin y vivía en San Pedro Sula.

Afirma que decidió dejar el país por problemas con la delincuencia. “Nos robaron, denunciamos a los ladrones, estos permanecieron libres y lo que recibimos fueron amenazas”.

La hondureña narró que la travesía duró 12 días, “de Sula a Reynosa en la frontera de México con Estados Unidos”. Según la mujer, viajó en autobús todo el tiempo, menos los pasos fronterizos, que los cruzó a pie menos el Río Bravo, en un bote inflable.

“Me aconsejaron entregarme a Inmigración porque es más fácil. Caminar por el desierto es más peligroso”, dijo la mujer que vino a vivir a Charlotte con su suegra.