Charlotte.- “Allá se sufre mucho, no solo por la situación en la que uno está y por haber dejado a la familia, también se duerme mal y se aguanta mucha hambre. Vi gente sufrir mucho por eso”, contó a Qué Pasa-Mi Gente Javier De los Santos, un humilde trabajador mexicano que permaneció 55 días en el Centro de Detención Stewart, en Lumpkin (Georgia), a donde fue llevado tras ser arrestado en Charlotte por una infracción de tránsito.

Stewart es la cárcel para indocumentados más grande del país, que alberga en promedio a 2,000 reos masculinos procedentes de las Carolinas, Tennessee, Georgia, y otros estados, para ser deportados.

A Javier le impactó estar junto a presos que llegaban de cumplir sentencias por cometer crímenes graves.

“Supuestamente nos tenían separados por colores de acuerdo a la peligrosidad, pero conocí presos que cometieron delitos y estaban vestidos de azul como yo”, indicó.

“Dormir también es un privilegio difícil de lograr en ese lugar, que está repleto de literas y donde estábamos todos arrumados”, comentó de los Santos.

No obstante, recuerda que en un comienzo tuvo la suerte de estar en una pequeña celda con baño y lavabo y una litera para dormir, pero luego lo trasladaron a un salón hacinado que los presos llaman “el gallinero”.

Según Javier, aunque en esa cárcel recibían tres raciones de alimento diario, éstas eran muy pequeñas y poco nutritivas, que incluso algunos detenidos tenían que pedir dinero a sus familiares para comprar comida extra.

“Yo llegué con 60 dólares que me duraron dos semanas y los usé en comida y tarjetas para llamar a mi esposa”.

Durante su estadía en Stewart, Javier dice que perdió doce libras de peso.

Las condiciones en las que viven los detenidos y el trato que reciben en Stewart, ha sido objeto de protestas por parte de una coalición de organizaciones de derechos civiles, que el pasado 18 de noviembre realizó por quinto año consecutivo una vigilia frente al centro de detención bajo el lema “no más ganancias a costa de nuestro dolor”.

Los activistas que demandaron un mejor trato para los presos que en muchos casos aseguran se les niegan alimentos, medicamentos y tratamiento médico como castigo, como lo reportó en 2009 Georgia Detention Watch.

En marzo de 2009, de Roberto Martínez Medina, un inmigrante mexicano de 39 años, que vivía en Charlotte y falleció de una infección coronaria aseguran pudo ser tratada.

La coalición ha expresado en repetidas ocasiones su oposición a que corporaciones con fines de lucro como la compañía Corrections Corporation of America (CCA), que opera esta cárcel, sean las que administren este tipo de centros de detención.

Javier se salvó temporalmente de la deportación gracias a 2,000 peticiones enviadas a las autoridades de Inmigración, que recaudó el NC Dream Team, un grupo de jóvenes que se ha convertido en “tabla de salvación” de estudiantes y padres de familia a punto de ser expulsados del país.

La situación de Javier, que tenía a su esposa a punto de dar a luz cuando fue arrestado al regresar de trabajar el pasado 6 de septiembre, captó la atención pública cuando su hermana Griselda expuso su caso frente a Janet Napolitano, directora del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) en su visita a la Universidad de Duke en Durham.

Ha transcurrido casi un mes desde que Javier que se salvó temporalmente de la deportación y regresó a su hogar el 1 de noviembre.

El inmigrante, que trabajaba en jardinería antes de su arresto, y se encuentra desempleado, dice sentirse afortunado de estar rodeado de su familia en su apartamento al suroeste de Charlotte, y no en el reclusorio donde padeció los que describe como “oscuros días de sufrimiento, hambre y frío”, y a donde jamás quisiera regresar.