Charlotte.- Theresa Flores, es una joven de 20 años, que cursa su tercer año de sicología en la Universidad de Chapel Hill, donde también es coordinadora estudiantil de programas hispanos.

Theresa, cuenta que siempre supo que su madre no tenía papeles, pero eso no importó mucho cuando vivía en Brooklyn, una de las zonas más cosmopolitas de Nueva York, donde las culturas, razas y nacionalidades son muy diversas y no hay tantos prejuicios.

Ella nació y vivió la mitad de su vida en esa ciudad junto a su madre, una inmigrante mexicana, su padre, de origen salvadoreño y sus dos hermanos.

Pero poco después de los ataques terroristas del 11 de septiembre, sus padres decidieron mudarse a Charlotte en busca de una vida más sosegada y dar una mejor educación a sus tres hijos.

Sin embargo, no todo fue como ellos esperaban, porque en Carolina del Norte, las leyes comenzaron a ser más duras para los inmigrantes indocumentados.

“Cuando nos mudamos aquí, fue más evidente la falta de papeles de mi mamá. En Nueva York todos éramos iguales y me molestó darme cuenta que aquí trataban diferente a la gente”, expresó la joven a este semanario.

Theresa dijo, que comprendió mejor la problemática de los indocumentados durante un campamento sobre justicia social e inmigración, cuando cursaba su segundo año en la secundaria Harding, de donde se graduó en 2009.

En la universidad, a la que pudo ingresar gracias a las becas que logró conseguir, comenta que hay pocos latinos, y que ha sido más difícil lidiar con los prejuicios y opiniones de sus compañeros sobre el tema de inmigración.

“Me apasiono mucho cuando hablo, porque me da coraje ver la ignorancia de muchos de mis compañeros sobre el tema y siempre les digo que sé de las cosas por experiencia, porque mi familia ha pasado por eso”.

Hace poco, en su clase de Justicia Social y Económica, donde se discuten temas trascendentales y la mayoría de estudiantes son caucásicos, su profesora comenzó el tema del día diciendo: “Es duro ser el hijo de una persona indocumentada. ¿Pueden imaginarlo?”.

La breve frase dijo Theresa, trajo a su mente un sinnúmero de recuerdos de retenes, del aumento de palpitaciones con los “flash” de las sirenas, de incontables horas de preocupación, y de los momentos de pánico cuando se siente que su suerte finalmente se agotó.

“Pero yo soy la hija de una persona indocumentada. O mejor dicho, lo fui”, expresa Theresa en un escrito inspirado en la frase de su maestra y al que tituló de igual manera, en el que plasma por primera vez sus sentimientos ante la situación que afrontó su madre, quien hace pocos días, después de 21 años, logró regularizar su situación migratoria.

“Si usted no es el hijo de una persona indocumentada, es difícil comprender el miedo y estrés por el que tiene que pasar cada día”, anotó la joven estudiante en el documento que compartió por primera vez con sus contactos en su pagina de Facebook.