Charlotte.- En pocas semanas los estudiantes regresaran a las aulas, pero eso no solo significa el comienzo de un nuevo año escolar, también es un periodo de muchos gastos para los padres que deben proveer a sus hijos de lo necesario para las nuevas clases.

Aunque el bolsillo para la mayoría se ha visto afectado por el alto costo de la vida, para otros ha sido aún más difícil, sobre todo si sus ingresos se han reducido y además han perdido privilegios que antes tenían como una licencia de conducir.

Un ejemplo de lo que ocurre en un sector de la comunidad, es la situación que atraviesa Marbella Medina y su esposo Luciano Betancourt, que tienen cuatro hijos en edad escolar.

Mar, la mayor de 20 años, espera continuar con una beca para seguir con sus estudios en el Colegio Comunitario Central de Piedmont (CPCC); Ivette, de 15 años, comienza el grado décimo en una secundaria al sur de la ciudad; Lucio, de 10 años y el único varón, ingresará al quinto grado en una escuela bilingüe magnet.

La pareja, espera que Venus, la menor de apenas 3 años, pueda ingresar a un programa preescolar, pero tendrán que esperar para obtener el cupo, porque hay una larga lista de espera de niños.

Marbella dice que está afanada por la llegada del nuevo año escolar, porque sabe que sus hijos necesitan muchas cosas básicas para entrar a estudiar, como los útiles, mochilas, zapatos, ropa, y en el caso de su hijo, el uniforme y no hay dinero.

“He ido comprando poco a poco algunas cosas, pero creo que mis hijos tendrán que reusar otras”, afirmó.

Los Betancourt-Medina, por ejemplo, no pudieron aprovechar el pasado fin de semana sin impuestos, porque prefirieron pagar la cuota de la casa, que es su único patrimonio.

Marbella cuenta que desde hace unos dos años la situación económica ha sido difícil para ellos, porque su esposo perdió un trabajo fijo que tuvo por cuatro años en una fábrica debido al recorte de personal y a ella porque le redujeron las horas de trabajo limpiando oficinas. Hoy el ingreso mensual de esta familia no llega a los $1,000 dólares. 

“Hemos tenido que acudir a iglesias y organizaciones comunitarias que ofrecen ayuda, porque el dinero no nos alcanza, pero lo preferimos a tener que pedir ayuda al gobierno”, afirma la inmigrante.

La crisis económica ha obligado a los Betancourt-Medina a tener que privarse de muchas actividades que disfrutaban en familia, como salir de paseo, ir a restaurantes o al cine, que según Marbella ha afectado emocionalmente a sus hijos.

Esta familia mexicana, ha sido  conocida por participar en cuanto taller, marcha y evento comunitario han realizado los grupos locales a favor de los derechos de los inmigrantes.

“Nuestra vida ya no es la misma, pero sigo teniendo fe de que las cosas van a cambiar y volveremos a sentirnos felices en este país”, anotó la mexicana.