Charlotte.- El desconsuelo del país es generalizado por la incomprensible matanza de 20 infantes y seis adultos en la Escuela Sandy Hook, en la apacible localidad de Newtown en el estado de Connecticut, en la mañana del viernes 14 de diciembre.

En Charlotte, el domingo, los templos de todos los credos dedicaron sus sermones para orar por las almas de los chiquitines y sus maestras, cuyas vidas fueron segadas por Adam Lanza, un individuo de 20 años, al que se le atribuye el asesinato de su madre y que utilizó un fusil de asalto y pistolas para perpetrar la masacre.

El día del incidente, al presidente Barack Obama se le aguaron los ojos ante la prensa y el domingo en la noche, después de reunirse con las familias de las víctimas en Newton, habló de usar el poder para prevenir matanzas, y no aceptar que se conviertan en rutina.

Durante 2012 y en los años previos, el país había experimentado casi todo en acciones de individuos solitarios o dúos que ejecutaron asesinatos colectivos: en teatros, en centros comerciales, en hospitales, en escuelas secundarias, en universidades en cafeterías.

Los objetivos de los asesinos habían sido compañeros del mismo plantel estudios como en Columbine o Virginia Tech, políticos como la congresista Gabrielle Giffords en Tucson, integrantes de congregaciones religiosas, como los sijes de Wisconsin, asistentes al lanzamiento de una película como en Aurora.

Sin embargo, la población de Estados Unidos no estaba preparada para el homicidio de 12 niñas y 8 niños de seis y siete años de edad, en las instalaciones de una escuela elemental.
“Es una tragedia que nos ha entristecido e impactado a todos”, dijo la especialista en salud mental, Lissette Torres, quien conceptuó que el hecho invita a la reflexión y a que quienes sientan que tienen problemas mentales busquen ayuda profesional.

La pastora evangélica, Fátima González, señaló que “la tarea es hacer que la gente conozca a Cristo”, pero hechos como la matanza de los menores, “ponen a pensar si se está haciendo bien esa tarea”. “Tenemos que leer los versículos de Juan dedicados al amor. Probablemente si alguien hubiera ayudado espiritualmente a ese señor, se hubieran evitado 28 muertes”, anotó.

“Señor te pedimos por el dolor que están pasando los padres de estos niños y sus familias”, registró Juliana Rossel en uno de los múltiples mensajes colocados en página de Facebook de Qué Pasa Mi Gente.

Milagros Guevara, que cuida a sus sobrinos, atribuyó el problema de los asesinos solitarios a una ausencia de atención de los padres a los hijos en una sociedad individualista.
Clara Hernández, una abuela, manifestó: “lloré, esos angelitos tenían la misma edad de mi nieta”.

El distrito escolar local de Charlotte hizo circular una guía de la Asociación Nacional de Sicólogos Escolares (NASP) para padres y maestros en la que da consejos para enfrentar la tragedia. Una recomendación fundamental es que los adultos reiteren a los menores que están seguros.

La masacre de Newtown enlutó a familias latinas, de origen puertorriqueño. Entre las víctimas están la niña Ana Márquez, de 6 años, Jack Pinto, de 6 años y la maestra Victoria Soto, de 27 años, que confrontó al asesino para salvar la vida de sus alumnos.

Al oír los disparos, esta maestra de primer curso pidió a los niños de su clase que se escondieran en un armario y ella se colocó fuera protegiendo la puerta con su propio cuerpo, por lo que acabó quedando cara a cara con el asesino.

El suceso ha puesto en la palestra los temas de la venta de armas de fuego, la Segunda Enmienda a la Constitución, la restricción a la adquisición de fusiles de asalto y la realidad de que cada día 87 personas mueren en el país por impactos de las balas.

Obama consuela a las víctimas
El presidente Barack Obama, pidió el domingo cambios en la forma en que el país lidia con la violencia armada, aunque evitó el uso de la palabra “arma” al consolar a una ciudad de Connecticut asolada por la masacre de 20 niños.

Obama dijo que el mundo juzgará a la nación por la manera como cuida a sus niños, y que la masacre del viernes dejó ese juicio deficiente.

“Aquí en Newtown, vengo a ofrecer el amor y las oraciones de la nación”, dijo Obama. “Soy muy consciente de que las meras palabras no pueden igualar la profundidad de vuestro dolor, ni pueden curar sus corazones heridos”.