Charlotte.- El pronunciamiento del gobernador republicano de Carolina del Norte, Pat McCrory, contra el concepto de las ciudades santuario originó el rechazo de la principal organización hispana local, y recuerdos de su actitud con los latinos en el tiempo que fue alcalde  de la ciudad.

Seguridad y confianza
“Las políticas de santuario han demostrado que ayudan a la seguridad pública y a reducir la delincuencia mediante el fomento de la confianza entre las comunidades de inmigrantes y la policía. Obligar a la policía local para jugar un papel en la aplicación de la inmigración socava los derechos civiles, la confianza de la comunidad y perjudica la seguridad de todos”, comentó Whitney Smith, ejecutiva de la Coalición Latinoamericana.

Fuera de foco
“El evento en San Francisco es una tragedia. Pero la explotación de este incidente para avivar el miedo, y convertir chivo expiatorio de toda la población inmigrante es irresponsable y crea una imagen inexacta de toda una comunidad. Esta táctica criminaliza a las familias inmigrantes y sólo sirve para poner de relieve lo fuera de foco que algunos funcionarios electos están respecto a la realidad en nuestras comunidades”, agrego Smith.

De esa forma, la ejecutiva de la Coalición hizo referencia a la reacción de funcionarios públicos, como McCrory al asesinato en California de la mujer Kathryn Steinle, que se atribuye al indocumentado Juan Francisco López-Sánchez, quien había salido de la cárcel debido una política de santuario.

El hiperaumento latino
McCrory fue alcalde de Charlotte entre 1995 y 2009, cuando se dio el mayor crecimiento de población hispana en la ciudad y su zona de influencia.

Un reporte del Instituto Urbano de la Universidad de Carolina del Norte (UNCC), registra el fenómeno.

En 1990 los hispanos radicados en la región de Charlotte eran menos de 10 mil y para 2010 habían llegado a cerca de 173 mil, representando un salto de menos del 1 por ciento a más del 13 por ciento.

En el caso específico de la Ciudad de Charlotte, que McCrory gobernó durante 14 años, en 1990 eran 5,571 latinos, cuyo número saltó a 95,688 para 2010.

En la ciudad porcentaje de hispanos en 1990 no alcanzaban a representar el 1 por ciento, en 2010 se convirtieron en casi el 10 por ciento.

La contradicción
“La mayoría de los latinos que llegaron en esa época fueron indocumentados, que trabajaron en la construcción del  Estadio de las Panteras, la Arena de los Hornets, hospitales, iglesias, vecindarios y autopistas”, dijo la dirigente  Olma Echeverri, que vivió sin interrupción en esos años.

“No se entiende el cambio de McCrory, quien se vanagloriaba del progreso de la ciudad, gracias a esos inmigrantes a los que hoy no quiere que tengan la protección de una política de santuario”, anotó Echeverri.

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Lejos de ser santuario
Aunque durante los años en que McCrory fue alcalde se dio la bonanza de crecimiento de la población hispana indocumentada, Charlotte  no se convirtió oficialmente en una ciudad santuario y actualmente está muy distante de serlo.

Según Steve Salvi, quien dirige una organización dedicada a oponerse a las ciudades santuario, la política de esas municipalidades está consignada por escrito; “que puede haber sido aprobada por un órgano de gobierno local en la forma de resolución, ordenanza, u órdenes administrativas generales o especiales, o  directivas departamentales”.

En Charlotte y Mecklenburg no se ha aprobado ningún documento que señale que la ciudad o el condado sean un territorio con características de localidad santuario.

287g
Por el contrario, desde 2006 en el condado de Mecklenburg -que cubre el territorio de Charlotte- funciona el programa 287g, de cooperación con el gobierno federal para deportar indocumentados, que ha expulsado a 14 mil inmigrantes.

En las ciudades santuario impera una política de no entregar a Inmigración a los indocumentados que no son criminales, lo cual no es el caso de Charlotte.